viernes, 16 de septiembre de 2016

Y no hubo milagro.



Tal y como se esperaba el seleccionado cubano de futbol cubano cayó 1-7 ante un seleccionado ruso que se mostró en todo momento muy superior al seleccionado y que pareció jugar a media maquina, administrando y rotando sus jugadores, pero cuando apretó el ritmo bombardearon la cabaña cubana y convirtieron al cubano en el verdadero héroe del partido.


Según las estadísticas de la FIFA, el equipo ruso disparó a puerta en 84 ocasiones, 33 de ellas entre los tres palos lo que motivó 26 paradas del cancerbero nacional, mientras que del otro lado los nuestros dispararon en 24 ocasiones, solo 7 dentro de los tres palos.

El ruso fue un equipo muy duro que dejó a Cuba tocar el balón en su mitad defensiva, pero una vez en su mitad del terreno, ahogaban a nuestros jugadores que quedaban en desventaja numérica una y otra vez.

En ese compás se fueron los primeros 15 minutos de juego, en los que Cuba logró aguantar el 0-0, empate que terminaría Davydov con el primer gol del partido, mismo que inició la debacle cubana, pues Chishkala, Niiazov y Shayakhmetov añadieron 3 goles en menos de tres minutos para liquidar al elenco nacional.

La segunda mitad fue más de lo mismo, con Rusia, rotando a sus jugadores para evitar el desgaste con vista a la siguiente ronda, algo que permitió a los nuestros llegar un poco más a las cercanías de la portería rival.

Sin embargo no fue hasta los 29 minutos que Daniel Hernández logró mandarla al fondo de las redes para el descuento, el conjunto ruso reaccionó rápidamente al gol cubano con tres goles en tres minutos (Lyskov 31, Milovanov 32 y Abramovich 35’)

Sin embargo la nota más lamentable llegaría sobre la agonía del partido cuando Diego Ramírez, el jugador más joven del equipo se roba un balón y arranca el contragolpe acompañado por Jhonnet Stalin, el capitán del equipo cubano, Ramírez decide disparar a puerta y culminar él la jugada en vez de entregarla a su compañero, pero su disparo fue contenido por el portero ruso lo que desencadeno la ira del capitán cubano que regaño duramente a su compañero por un gol que a 10 segundos del final no significaba nada.

Pero la rabieta de Jhonnet no terminó ahí y tras finalizado se marchó del tabloncillo con claras muestras de enojo y no acompañó a sus compañeros a saludar al equipo vencedor, mal, muy mal por parte de un jugador que por su experiencia y el llevar la cinta de capitán debe dar el ejemplo dentro del grupo.





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