martes, 20 de enero de 2015

Oxigeno puro.


La Selección cubana de futbol se moría decían algunos, que no iban a ningún lugar decían otros, que ya estábamos eliminados y a decir verdad el Mundial de Nueva Zelanda se veía lejos, no imposible pero si lejos, y solo el ánimo de los muchachos, las posibilidades que las matemáticas nos daban y nuestra fe en ellos nos aferraban a la esperanza de una clasificación.

Cuba necesitaba ganar, era obligatorio ganar o el sueño  se esfumaba, en frente u Canadá a la que se le ha empezado a tomar la medida en las categorías, una Canadá obligada, como nosotros a ganar y por tanto obligada a desplegar su mejor juego mismo que hizo Cuba para contra los pronósticos llevarse la victoria.

Fue una tarde donde la alegría se mezcló con la frustración y la angustia, la alegría de ver a nuestro equipo ganando, la frustración de no poder ver el juego a pesar de rastrearlo por toda la Web y de que el único enlace fuera incompatible con el sistema operativo de nuestra computadora, la angustia de saber del descuento canadiense y de los impensables 5 minutos de descuento en la segunda mitad cuando los nuestros se quedaban sin piernas y Canadá se venía con todo.

Fue un partido en el que por fin la gran estrella de este equipo: Frank López apareció con todo su esplendor, con esa visión y olfato goleador que había mostrado a lo largo de la eliminatoria y que lo había puesto como máximo goleador del equipo con 7 dianas.

El cienfueguero aprovechó muy bien un pésimo despeje de la zaga canadiense, recibió el balón a unos 40 metros del marco y sin pensarlo con un globo bañó a un portero canadiense adelantado para el 1-0 cuando apenas habían transcurrido 5 minutos de juego.

Con una Cuba mejor, según el reporte de los que si pudieron ver el juego, el segundo gol llegó a los 40 minutos cuando Roberto Peraza tirado sobre la banda izquierda del ataque cubano, la misma por la cual Saname se había convertido en una pesadilla para la defensa local, se quitó la marca y centró al corazón del área grande donde el más chiquito de todos: Frank López apareció para cabecear abajo a la izquierda del portero justo al palo para el 2-0 y poner tranquilidad en el marcador.

Quedaba sin embargo la pesadilla de la segunda mitad. Canadá se vino con todo y los muchachos comenzaron a lidiar más que los delanteros rivales con el agotamiento físico, con el cansancio.

Un error del arquero Pozo al tratar de contener un disparo que parecía tener controlado permitió al conjunto del norte el descuento cuando corría el minuto 53. El gol animó aun más al conjunto canadiense que incrementó su presión sobre el área cubana pero sus intenciones fueron ahogadas por un inmenso Pozo, que se recompuso y evitó una par de goles canadienses con dos excelentes intervenciones.

Cuba aguantó, esta vez los restos físicos alcanzaron, esta vez se mantuvo el orden atrás y se campeó el temporal esta vez los tres puntos fueron nuestros, tres puntos que son oxigeno puro, tres puntos que nos permiten ahora soñar con el Mundial, con los Panamericanos.

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