jueves, 27 de noviembre de 2014

Sorpresa, perdió Cuba.

Ellos nos contagiaron con su alegría. Gracias muchachos

El futbol es así, como el amor, bello y cruel al mismo tiempo, justo e injusto a la misma vez y tal vez por esa magia, por esa combinación de veneno y antídoto es que es el deporte más hermoso del mundo, el más seguido el que como ningún otro desencadena pasiones desenfrenadas.

Así es el futbol y anoche en el Luis “Pirata” Fuente de Veracruz encarnó sus dos versiones en la piel de los jóvenes cubanos miembros de la selección Sub 21 que defienden los colores patrios en esta nueva edición de los Juegos Centroamericanos y del Caribe.

Diezmados por las lesiones y suspensiones, 13 guerreros cubanos se aprestaron a dirimir una noche épica para el maltrecho futbol antillano, al frente la poderosa escuadra mexicana, el premio la final y la posibilidad del oro soñado.

Modestos, sin nada que perder y sin otro apoyo que su talento, su garra y corazón nuestros muchachos salieron al terreno y con un futbol serio y muy bien planteado tácticamente, se adueño del baló, el terreno, desconcertó a un rival que no encontraba por donde ni como, mientras que veían la marea azul venirse una y otra vez, a veces en grupo a veces con la solitaria presencia de Yordan o Reyes, suficientes para crea zozobra en la zaga verde que no sabía cómo controlar la velocidad de los morenitos cubanos.

México se fue diluyendo ante la telaraña tejida por Raúl González Triana, quien por cierto tuvo que ver el partido desde las tribunas al estar suspendido tras su reclamación por el pésimo arbitraje en el partido frente a Venezuela, y solo pudo llegar a la meta defendida por Sandy Sánchez a los 30 minutos de juego, aunque pudo ponerse en ventaja a los 38 minutos cuando la defensa cubana fue cogida a contrapié, pero lo que parecía la reacción mexicana terminó por ser solo un amago y el intento por emparejar el partido fue solo una ilusión, pues Cuba se recompuso y cerro el primer tiempo con un cero a cero.

De ahí en más fue Cuba que desperdició la oportunidad de adelantarse en el marcador en los primeros minutos del segundo tiempo en los que ejerció un gran control del juego mismo que se fue alargando de los 90 minutos ante la mirada atónita de los presentes, la sorpresa del equipo mexicano, que seguía sin entender y la capciosa narración de los locutores de ESPN, que ese rompían la cabeza tratando de explicar lo que veían en el terreno, atribuyendo el pobre funcionamiento a errores de sus jugadores, omitiendo o no queriendo ver una verdad tan grande como el estadio, México no funcionaba, porque Cuba era más, si Cuba era más, porque Cuba tenía más hambre, mas ganas, porque sus jugadores corrían cada balón como el último. México no funcionaba, porque se jugaba a lo que Cuba quería, porque Cuba tapaba las salidas dejando a los talentosos jugadores rivales sin opciones para crear o distribuir el juego.

Cuba jugaba bien, jugaba como habíamos soñado, jugaba a lo Cuba a lo de esta Cuba que nos ilusiona cada vez que sale al terreno y nos hace soñar, pero la pasión la adrenalina no nos cegaba y las inquietudes sobre el resto físico de nuestros jugadores aparecían revoloteando ¿Cuánto más aguantarían nuestros muchachos ese tren? ¿Hasta cuando le alcanzaría?

La respuesta pareció asomarse en los minutos finales cuando dos de los jugadores de mayor despliegue físico: La Bestia Urgellés y el Pitufo Pérez debieron dejar su espacio a Labrada y Anderson, quien pareció en los primeros minutos del alargue andar igual o peor físicamente que el lastimado Dayron, viéndose renguear por momento.

Cero y cero y el alargue, el sufrimiento el sacrificio no había terminado para los once guerrero que en pie seguían la batalla y vino el gol, un gol de esos, diferente bello, dibujado como un pincel en el que la imperfección, si así puede llamársele al desvío en una pierna mexicana, lo hizo aun más bellos.

Salida rápida cubana y el capitán, como contra Haití para destrabar el partido, hizo doble recorte, dejó a sus marcadores en el camino y disparó el balón rosó una pierna para cambiar lo suficiente la trayectoria y colarse junto al pulo para ir a besar el tejido gol y explosión en el pecho cubano, gol Cuba arriba, Cuba ganaba.

¿Impensable? Antes del partido tal vez, pero a aquella hora de la noche era justo premio, no había sorpresa, Cuba ganaba por méritos propios y Cuba no renunciaba, iba a por más y tal vez ese ir por más, ese amor propio fue el que nos terminaría costando el partido.

México estaba herido y buscaba el empate, Cuba no renunciaba, y en una gran jugada por la derecha, Anderson se escapó de su marcador, pegado a la línea para habilitar a un, ya sin piernas Maykel Reyes que apenas pudo hacer contacto con el cuero, que fue salvado sobre la línea por un defensor local, cuando parecía que Cuba aniquilaba el partido.

Un partido que con los minutos ganaba en dinamismo, en suspenso, uno que se adueño de la noche veracruzana a cinco del final, cuando tras una entrada de Abel Martínez sobre uno de los delanteros mexicanos, el central marcó el manchón penal, Aspiricueta tomó el balón dispuesto a ajusticiar a un Sandy Sánchez que le miró a los ojos, adivinó las intenciones del azteca para volar a su palo izquierdo y mandar al corner a la cinco, y hacernos brincar y abrazarnos de alegría.

Había que parar el partido, descinflar el balón, ganar minutos, pero Cuba no cambió su juego y en el pecado llevó la penitencia, el futbol se ensañó una vez más con nuestra sele y a un minuto de final el árbitro castiga un falta en los bordes del área que Bueno manda al fondo de las redes a través del único resquicio que quedaba abierto en la barrera cubana para hacer inútil la estirada de Sandy, un verdadero rompecorazones que nos mandaba a los penales.

Tanda fatídica que en rara ocasión a sonreído a los nuestros, uno por uno fueron desfilando los pateadores y los aciertos de Sandy nos llenaba el corazón y alma de esperanzas, con la ilusión de que el oriundo de manatí detuviera alguno de los disparos.

Pero el futbol, oh bendito futbol aun no había terminado su macabra obra veracruzana.

Lento, tranquilo, con su cuatro a las espaldas se paró Yolexis Collado frente el balón, el pequeño titán cubano, el que había salido casi de las sombras para encumbrarse en lo alto con extraordinarias actuaciones en la media cancha cubana no nos había dejado echar de menos al gran Daniel Luis uno de los estandartes de esta selección.

Tomó carrera, pateó y el balón caprichoso fue a estrellarse entre las piernas del arquero mexicano, para desatar el júbilo mexicano. Sorpresa, mil veces sorpresa. Cuba había perdido, injusto mil veces injusto, con el futbol y el hombre.

Después las lágrimas del Motorcito Collado, que eran nuestras lágrimas, las palabras de apoyo de sus compañero que también eran las nuestras Cuba había caído como una grande, Collado había enfrentado a su destino como el gran hombre, atleta y futbolista que es, hoy no hay reproches, hoy no aceptamos disculpas, porque no hay reproches que hacer, porque no hay disculpas que dar, porque para nosotros este equipo, y especialmente tú, Yolexis son nuestros héroes.

El futbol es injusto, pero cada Domingo vuelve a dar revancha. En hora buena Cuba, en hora buena.

2 comentarios:

  1. De pinga Broder me cayo una basurita en un ojo leyendo esto. Grande Collado cojones, tu y todo el equipo, palante que ustedes van a llegar lejos!
    Ihoeldis Rodriguez

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  2. https://www.youtube.com/watch?v=P0EJ9scvQ58
    mario un resumen del partido. Eduardo D

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