lunes, 24 de febrero de 2014

Fútbol cubano: Las Tunas baila y perdona ante un desconocido Camagüey

Por: Dubler Vázquez.
Foto: Raúl del Pino Salfrán
Pocos manatienses recuerdan algún partido en el que Las Tunas mereciera tanto y obtuviera tan poco, después de que el once local se estrellara en los palos hasta dos veces y se quedara media docena de ocasiones a solo milímetros del gol, para terminar sacando apenas un empate sin goles ante Camagüey, por la quinta fecha del fútbol cubano.
A medio camino entre la falta de acierto en la definición y una mala fortuna que rayó en lo increíble, el elenco de Manuel Cutiño impuso su dictadura sobre el mustio pasto del Ovidio Torres, donde casi 3 mil aficionados vieron cómo su equipo asediaba la cabaña agramontina, sobre todo en la segunda mitad, y de paso desmontaba a fuerza de fútbol el claro favoritismo con el que desembarcó en Manatí el once que dirige Armando Cruz.
Tras el revés ante Cienfuegos, el DT tunero asumió su segundo partido consecutivo como local con el imperativo de conseguir los tres puntos y sorprendió a muchos al dejar en el banquillo al internacional absoluto Dayron Blanco, un jugador clave en la creación y el desborde, armado de imaginación y vértigo, pero desnortado en las últimas jornadas y carente de aptitud para asumir el liderazgo que su calidad exige. En su lugar ingresó el volante Yúnior González y su movilidad en tres cuartos de cancha justificó con creces la apuesta de Cutiño; aunque esta vez fue Eduardo Carmenate el que se quedó en deuda y propició que en la segunda parte Blanco saltara a la cancha y desplegara -esta vez sí- todo el abanico de virtudes que le adornan.
Pero antes debieron jugarse 45 minutos en los que los locales adelantaron algo del chaparrón que caería en el complementario. Avisó tan temprano como en el minuto 4 el central Jorge Luis Mendoza, quien envió un misil desde 25 metros a las manos del meta Danilo Baró e inmediatamente ocupó su puesto de mando en una zaga desajustada durante algunos minutos pasado el primer cuarto de hora, pero que una vez encontrado el ritmo y la comunicación minimizó al peligroso ataque camagüeyano.
Ya en los primeros compases del choque, la afición local sospechó que algo había cambiado en su equipo cuando su jugador insignia, Geovanys Ayala, comenzó a construir lo que sería un partido brillante, pivoteando en el balcón del área con la sabiduría que solo dan los años, otra vez con los galones de general sobre los hombros luego de varios partidos mutado en soldado raso. Precisamente en las botas del Zorro nació buena parte del peligro que llevó Las Tunas a la puerta agramontina, unas veces asociado con Máikel Celada para tirar centros, otras dejando la pelota servida para que Yeinier Rosabal le pegara desde fuera del área.
Mientras, de la visita no había demasiadas noticias. No contaban por lesión con esa suerte de brújula que es Armando Coroneaux y les costó poco más de 20 minutos orientarse sobre la cancha, a pesar de jugar con viento a favor, un factor siempre a tener en cuenta en el estadio Ovidio Torres. Pero una vez encendidos los motores, los camagüeyanos comenzaron a buscar insistentemente a Keyler García, su principal referencia en ataque. El exintegrante de la Selección Nacional regaló a ratos algunos destellos de su enorme clase, aunque los minutos de juego y las circunstancias del partido le fueron apagando poco a poco, extraviado en una lucha que nunca pudo ganar ante la zaga tunera y con más amenazas que peligro real en unos tiros libres invariablemente estrellados en la barrera verdiblanca local.
Sin tanta atención de los muchos aficionados visitantes que se dieron cita en la Danzonera manatiense para corear hasta la saciedad un gol que el Chino García jamás estuvo cerca de concretar, el veloz Liván Pérez fue la principal preocupación para la defensa de Las Tunas. Durante la segunda parte del período inicial, el internacional camagüeyano ganó en repetidas ocasiones la espalda del lateral Géiser Blanco, sobre todo después de que Armando Cruz comprendiera que su ataque solo tendría posibilidades abriendo las bandas y apostando a la velocidad de sus correcaminos. Así llegaría, pasada la primera media hora, la mejor ocasión agramontina, con un gran balón al espacio de Raidel Fernández que Liván estuvo a punto de convertir en gol. Fueron los mejores minutos de la visita en todo el partido, ayudados por un bajón físico de los medios tuneros que dejó solos a los zagueros en algunos contragolpes peligrosos.
Para suerte de los dueños de casa, el principal santiaguero José Mestre Furé puso fin a la primera mitad sin tiempo añadido y dejó en manos de los técnicos la tarea de recomponer a sus equipos. El primero en mover ficha fue Manuel Cutiño, quizás apremiado por los resultados más recientes (empate y dos derrotas) y probablemente tras olfatear la debilidad de un rival que estuvo muy lejos de su verdadero nivel. Fue el turno entonces de Dayron Blanco, quien apenas ingresó a la cancha y generó una contra letal que, sin embargo, no supo finiquitar.
La respuesta fue otro contragolpe de libro que Keyler García no pudo cerrar de cabeza y que se convirtió en un espejismo de lo que muchos pensaron sería una segunda parte de ida y vuelta. En realidad, la máquina azul se apagó sobre el minuto 50 casi hasta el final y Camagüey debió presenciar en primera fila una sinfonía local que se extendió por una larga media hora.
El primer susto para la visita llegó al 54, cuando una pérdida del balón cerca del círculo central le permitió a Geovanys Ayala armar una jugada en la que casi cae el primero de la tarde. Con tiempo y espacio para pensar, el Zorro la sirvió por la izquierda para el potente disparo de Yeinier Rosabal y siguió la carrera hacia el corazón del área, en busca de un rebote que no se transformó en gol por la actuación in extremis de la zaga camagüeyana.
La clara ocasión fue un toque de diana y Las Tunas se fue arriba con todo, generando en 25 minutos un carrusel de oportunidades: al 57 Dayron Blanco le pegó de tiro libre y el balón, tras dar un pique traicionero en el área pequeña, pasó rozando el larguero; un minuto más tarde, nueva pérdida camagüeyana y un latigazo de Rosabal desde fuera del área que acarició la base del poste izquierdo. Sobre el 66, otro libre directo de Blanco que sacó como pudo Baró y, al 75, un disparo de más de 30 metros que Yúnior González envió a la cara interior del primer palo.
En tanto, Camagüey intentó capear el temporal dándole entrada a Osmani Montero, pero el experimentado atacante pasó sin penas ni glorias hasta el minuto 85, cuando en un mano a mano ganado por el guardametas tunero Sandy Sánchez la visita casi saca una inmerecida victoria. Antes, Ayala había besado otra vez el larguero con un derechazo de larga distancia y Rosabal había vuelto a probar que la matemática no estaba definitivamente del lado tunero, con otro cañonazo que por pocos milímetros no hizo caer la cabaña rival.
Al final, los tuneros sumaron la tercera presentación sin goles ante su público y sacaron una pobre renta del mayor despliegue futbolístico de toda la temporada. El empate sin goles después de bailar en casa a un visitante tan ilustre como el once camagüeyano reabre el debate en torno a su inefectividad de cara al gol y obliga a los muchachos de Manuel Cutiño a buscar por todos los medios los tres puntos el próximo sábado, cuando reciban a Sancti Spíritus.
Ficha del partido
Las Tunas: Sandy Sánchez; Géiser Blanco, Jorge L. Mendoza, Héctor Rondón; Yeinier Rosabal, Yúnior González, Eduardo Carmenate (Dayron Blanco,´46), Reynier Leyva, Geovanys Ayala; Máikel Celada, Dainier Lorenzo (Sajay Herrera, ´77).
Camagüey: Danilo Baró; Alberto Martínez, Kenny Brito, Yoisel Salazar (Andy Horta, ´86); Félix Guerra, Yaisner Nápoles, Alexei González (Osmani Montero, ´60), Raidel Fernández, Ángel Horta; Liván Pérez (Jarbi Pérez, ´82), Keiler García.
Árbitro: José Mestre Furé.
Amarillas: Géiser Blanco (´76) y Yúnior González (´77).
Estadio: Ovidio Torres, Manatí, Las Tunas.
Asistencia: 2800 aficionados.

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