miércoles, 23 de octubre de 2013

Elio René Sánchez; En la Selecció importa más la disciplina que la calidad del jugador. Quieren gente obediente, no jugadores"

Visto asi, en abstracto, parado delante de la puerta del Centro Comercial en el cual trabaja como Oficial de Seguridad, su tamaño impresiona. Tan impresionante como Roma, ciudad en la cual vive desde hace varios años y de la cual se siente tan enamorado como el mismísimo Marcello Mastroniani; conservando la misma sonrisa y el mismo carácter alegre de siempre. Soñando realidades y no ínfulas. Siendo la misma persona “del barrio” Ofreciéndome un sofá para dormir en su casa, y así ahorrarme el dinero del Hotel. Renecito – para sus amigos de infancia -, René “El Loco” Sánchez para quienes lo conocieron más tarde atajando balones,  era la persona ideal para comenzar esta serie de entrevistas sobre los futbolistas que ya no están en Cuba. No solo porque me une a él una amistad desde que nuestras madres nos llevaran tomados de la mano a la escuela, sino porque en términos periodísticos, cuando te conviertes en Hamlet, el terreno más seguro a pisar es el que de pequeño conoces y a René, me ataba – y me ata -, más que un camino a la escuela desde chicos: nos ata nuestro natal Cienfuegos.


Ha llegado a mi, subido a un aparato que le sirve para transportarse dentro del Centro Comercial “si no, no hay pierna y zapato que aguante Robe” y yo, lo veo más grande, pero su sonrisa me dice que es el mismo Rene que estudió conmigo en Mariana Grajales desde 1er grado hasta 6to.
Portero de la Selección Nacional Cubana de Futbol, Renecito fue figura clave en la escuadra cubana de fútbol que nos representó en varios torneos a finales de los años 80. Desde  aquel entonces  “se corrió la bola” sobre un supuesto interés de Clubes brasileños por el portero juvenil cubano, y mientras algunos celebrábamos la noticia del reconocimiento, otros, más suspicaces “se pusieron a inventar que yo era un posible emigrante” Cosas de la vida – o de “lo real maravilloso” como diría nuestro Alejo Carpentier: quien “bajó” a Renecito de la Nacional por sospechas políticas hoy se encuentra residiendo en los Estados Unidos. Así y todo, desde 1986  a los Panamericanos del 91 en Cuba, René Sánchez estuvo “quemando la liga”. Desde entonces tuvo que luchar contra los demonios internos – su carácter a veces explosivo y su inexperiencia – y contra los externos – quienes comenzaron a marginarlo equivocadamente – pero su mayor lucha quizás, fue luchar contra la sombra que dejó en la portería “del Cienfuegos” el Sr. Máximo Iznaga.  Aunque no quiera reconocerlo.
“Máximo Iznaga fue para mí un gran ejemplo como atleta porque se entrenaba como nadie para poder suplir lo que le faltaba en tamaño. En algún momento llegué a pensar que se sintió celoso pues tuvo que retirarse sin él desearlo, y no tuvo nada que ver que yo estaba que cortaba. Podrás imaginar… yo tenía  22 años y él toda la experiencia y la prestancia que se necesita para esa posición, pero en Cuba, tanto en el beisbol como en la pelota, tienen el fatídico concepto, que un atleta a sus treinta y pico de años ya está viejo. Así retiraron a Víctor Mesa, a Linares y a otros más. De él no se hablara tanto como esos que te mencioné pero le pasó igual. Esa no fue mi culpa. También pienso que como hombre fue muy discreto. Quizás haya sido por la competitividad y porque él aun era el titular, aunque yo fuera el de los mayores elogios, y el que por la juventud estaba llamado a seguir en “El Cuba”, pero sí me entrenó como entrenador de portero, aunque sobre él , en esa labor,  no tengo mucho de qué hablar, pues cada portero crea su propio estilo. La portería no es de aprender si no de experiencia; después que tú conoces toda la técnica de portero, lo demás es jugar.”
Con desaciertos y aciertos en cada actuación, el niño que evolucionó a joven y que desde edades tempranas sintió el peso y la responsabilidad de llevar en su espalda el nombre de una nación, fue madurando y adquiriendo conciencia no solo como atleta de alto rendimiento, sino como ser humano dentro de una sociedad. Con valores contradictorios, en pleno auge de la crisis de identidad y reafirmación de principios humanos y sociales – entiéndase años 90 en Cuba – el Rene continuó actuando bajo los tres palos en su natal Cienfuegos, y muy a pesar de su calidad indiscutible y como deportista que despertó comentarios en “caza-talentos”, siguió viajando por carretera en ómnibus “más o menos“, durmiendo en “Moteles Deportivos” o albergues de “escuela al campo”;  a veces en colchones de dudosa calidad, a veces sobre sacos de yute rellenos con hojas de plátano. Esforzándose día a día en llegar a los entrenamientos en su bicicleta china ganada por ser subcampeón nacional, o a pie. En ocasiones pensando en lo que pudo ser y no fue, o en lo que quería y no lo dejaron,  siempre defendió la meta de los llamados marineros hasta que se fue a residir a Italia.
Aquí he llegado y he hecho varias cosas. Seguí con el fútbol dentro de la sangre, pero entre una cosa y otra tuve que ponerme a ‘luchar lo mío” y para los míos que aun están allá. Estuve de bouncer* en un club nocturno al inicio, pero al margen de eso, me asocié a unos colegas y fui a jugar mis torneítos de fútbol para que me vieran. ¡Y claro que me vieron! Así que puedo decirte que aunque quizás un poquito tarde conocí y jugué el Campeonato Italiano de Fútbol. No en el nivel que yo hubiese deseado, o al que por mi talento y juventud estaba llamado a jugar, pero aquí estoy. Incluso ayer, a mis 43 años me contactó un Equipo de la 3ra División. Aquí también estaba jugando Juan Andrés Salomón,  Apezteguia, Samón Rodríguez. Hay varios, unos que se fueron por una vía o por otra, otros que los trajeron desde chicos, así que si, que tenemos jugadores cubanos jugando en Italia.
 Uno de los pocos futbolistas cubanos medallista en Juegos Panamericanos
Vamos a hablar por lo claro: resulta una hombría mayúscula para cualquier futbolista cubano poder decir soy medallista panamericano. Hoy suena a quimera, y aunque la historia es veleidosa, no es delito ocultar ciertos detalles de la no participación de algunas naciones – en pro de resaltar periodísticamente el hecho – y decir que sólo por delante de Cuba terminaron EE.UU y México, y que fue a Honduras a quien se derrotó en la discusión de la medalla de bronce.
“Sánchez podrá ser el mejor portero del mundo pero mientras que yo esté de entrenador ese no viene más a la Nacional.”
En el mundillo futbolístico, la labor del D.T de cualquier seleccionado nacional es respetada en el mayor y mejor modo posible. Solo la prensa y el pueblo son quienes suelen cuestionarse nombres que están y que no están, pero es el DT quien tiene la palabra final. Es él quien selecciona sus hombres y lo hace fundamentalmente basándose en el rendimiento demostrado. Exclusiones y favoritismos hay siempre. Hay futbolistas que son más de carácter que de talento. Hay quienes no lucen pero se sacrifican. Hay quienes  no tienen talento en el dribbling pero saben colocarse y meter goles. A la mente me vienen los nombres de J.L. Brown y los problemas que afrontó Bilardo por llevarlo al equipo argentino en el Mundial del 1986, o la arriesgada decisión de Azeglio Vicini al llevar, por encima de otros delanteros de la Primera División del Futbol Italiano, a Salvatore Schilacci quien en aquel entonces (1990) era un jugador de la 2da Categoría. Ejemplos existen muchos, claro está, pero cuestionarse la inclusión o no de un jugador en la Selección Nacional, por una supuesta “diferencia ideológica” es algo que escapa de cualquier análisis racional. No ha olvidado René Sánchez el nombre de quien tanto daño le hizo en aquel entonces, aunque para el guarde otro tipo de análisis sobre su decisión.
“Fueron varios, los que me troncharon de algún modo o de otro, lo que pudiera llamarse mi desarrollo deportivo. Claro que las épocas dictan las conductas de quienes dirigen, así que los que somos dirigidos a veces no entendemos y por supuesto nos toca la peor parte. No es mentira que hablaron para que, contrato mediante, fuera a jugar en Brasil, pero no fue ese al único país al que podía ir a jugar. Hubo propuestas para jugar en Italia, España y México. En los Centroamericanos del 90′ directivos del Cruz Azul y del Toluca querían que yo jugara con ellos, pero José Francisco Reinoso dijo que los cubanos no podían jugar profesional  y ahí mismo se me “cerró” el contrato. Incluso ya me habían contactado los de la RINASPORT, que son unos fabricantes indumentaria deportiva, para que usara una de sus ropas de porteros.
Cada niño de este planeta que sueña con ser estrella de futbol, quiere ser delantero; meter goles.  Es por todos conocido la búsqueda de talentos  para que se desempeñen como guardametas. Se necesita destreza, fuerza, valentía, tamaño… no pocos asumen la posición obligados por el entrenador. Algunos llegan a quererla, otros no. Solo pocos, los que nacen para actuar bajo los tres palos, heredan la hidalguía de un consagrado y destellan desde las etapas juveniles. No hay quesaber, es cuestión de técnica, lo demás es jugar, como él mismo expresara.
No sé si conoces a Keller, uno de los buenos porteros americanos que todavía juega por Inglaterra o por Alemania.  Fuimos juntos a la misma eliminatoria mundial en Guatemala en el 1988 y yo allí hice el Todos Estrellas, junto a un portero de Costa Rica, o sea, quedé por encima de él. De mi época también y que tampoco obtuvo lauros por encima de mí en lo individual estaba uno que no recuerdo bien si todavía juega…. Friedickson (se refiere a Brad Fridley portero del Totenham Hotspur)  – o algo de eso,  pero estaba jugando en Inglaterra. Así que puedo decirte que pude ser un mejor portero. Pude aportar más a la Selección Nacional, pero todas aquellas trabas mermaron un poco mi carácter. Yo no quería irme a vivir fuera, yo solo quería jugar fuera, ser un mejor futbolista, portero, atleta… solo eso. Así que  terminé temprano en el equipo nacional por mi carácter, porque  allí importa más la disciplina que la calidad del jugador. En la Nacional quieren gente obediente, no jugadores.”
René Sánchez habla de sí, antes y después. Consejos para los nuevos practicantes del fútbol.
Robe, a mi me decían El Loco, y es verdad, yo creo que lo único cuerdo en mí es el nombre (rie a carcajadas) pero pienso que eso más bien me lo decían por lo atrevido que yo era, y sobre todo decidido. Cuando voy por aire, a coger el balón, voy, si no ni la pienso. Mira, yo recuerdo que cuando jugaba en la categoría juvenil, 17, 18 años, que existía en aquellos tiempos, yo era un joven muy aguerrido disciplinado y lleno de energía. Me entrenaba hasta tres veces al día y el único cambio que hubo en mi hasta los juegos panamericanos fue el fruto de tanto entrenamiento que me dio la seguridad y la personalidad que necesita un portero.
Claro que con el tiempo te habitúas, por ejemplo, para hablar de mi caso, pues porque es mi entrevista ¿no? (sonríe) te puedo decir que de ese Rene que parecía consolidado, el Rene de los campeonatos nacionales de futbol en Cuba, de ese Rene, al Rene de hoy, hay una grandísima diferencia como por ejemplo ahora me concentro más en el juego. Soy más fuerte en el juego aéreo porque aquí los errores cuestan caros, pero ya soy un portero súper experto, soy muy valorado con mi edad, mientras que en el futbol cubano con 34 años ya era viejo. Eso sí, conservo el mismo carácter de siempre y la alegría es por momentos. Gracias esa combinación, tanto allá como aquí, me he impuesto por mi carácter. Fuera del terreno soy el mejor amigo del mundo con mis contrarios. Dentro es otra cosa. Puedo decirte que soy respetado y respeto al cien por ciento.
Eso fue lo que me hizo llegar a ser capitán del sub 23. Esos fueron mis mejores tiempos y tuve un ascenso de mucha categoría.  Ahora bien, para lograr eso, y este es un consejo que le quiero dar a quienes empiezan, hay que entrenar mucho y entregarse cada día en cuerpo y alma en el terreno.
Cuba y el fútbol cubano dentro de la sociedad.
En un país en que tradicionalmente “lo deportivo” se limita al beisbol, boxeo y atletismo -fundamentalmente – hablar de luminarias en otras esferas del deporte en Cuba, suele considerarse una mentira o un sueño equivocado. Sin embargo ha existido y existirán quienes, si los comparamos con otros de mayor alcance mediático debido a su indiscutible talento, se verán reducidos a apenas escuetas “representaciones” no por voluntad propia a veces, sino por causas mucho más profundas.
Tradicionalmente aferrados a esquemas de gobiernos importados, con filosofías y creencias impropias, con una indiscutible fuerza de masividad en la base, el deporte cubano durante años ha vivido dentro de una urna de cristal, guiándose, más que nada por la filosofía del Estado, rector y guía en casi todas las esferas de la sociedad cubana.
Luego de Barcelona 1992,  la crisis del deporte cubano se ha visto reflejada en disciplinas en las cuales éramos tradicionales potencias. A menudo se le achaca la culpa- y no sin razón – al profesionalismo que permeó el deporte amateur, pero y aunque poco se habla de ello, ha sido la propia inadaptabilidad a un mundo cambiante, la que ha provocado el éxodo de deportistas en muchas disciplinas.  Sin entrar en consideraciones de tipo político, y para ceñirnos quizás, a su “propia paleta” habría que recurrir al apotegma de Carlos Marx: “el hombre piensa como vive” y la realidad HUMANA se ha impuesto, durante todos estos años a la realidad filosófica.
Aquejada por una crisis económica fuerte, la “Isla” ha visto desfilar últimamente a muchos de sus talentos deportivos nacidos bajo otras influencias sociales, y a los cuales, más que nada les ha preocupado la realidad de su vida, su hogar y entorno familiar que lo que “desde arriba” se consideraba – y aun se considera- como correcto.  Quién es mejor, quién tiene más o quién tiene menos, es subjetivo. Quién vive en mejor país, o no, o cualquier tipo de cuestionamientos de esa índole, perecen ante el simple análisis de quien, comparándose con otros atletas de su misma categoría, poseen muchas cosas “materiales” menos.
“La Patria” erróneamente ha considerado y considera como “propios” y peor aún, como “pertenencia”, a los deportistas nacidos y formados bajo su pupila atenta, pero obviando al HOMBRE, ese que está detrás de la camiseta o el short, y no ha propiciado ni medianamente su desarrollo FINAL como SER HUMANO, ni ha garantizado, ” existencialmente” las mejorías necesarias, comparables a las de ‘otros” allende de los mares que suelen ser, indiscutiblemente, el espejo en que estos – los deportistas cubanos – suelen mirarse fuera del aspecto deportivo.  Excepciones hay siempre. Sobre todo en la historia inmediata. En la actualidad hay muy pocas.
Dentro de esta ola de deportistas emigrados a muchos le ha tocado “bailar con la más fea” A menudo por causas de tipo psicológico que suelen permear su rendimiento en los inicios ( “abandonar” la patria en un evento deportivo internacional trae como consecuencia NO PODER VOLVER jamás a ella ),  a veces por causas HUMANAS – no tener antes la posibilidad DE y ahora deslumbrarse con TODO – aunque en un mayor porciento no ha sucedido así. Otros simplemente han visto donde es que en verdad está su lugar, aunque desde allá, creyeran que era otro más encumbrado.
Los FUTBOLISTAS forman parte del grupo de quienes al no tener la suerte de poder contar con un reconocimiento previo deportivo  por el poco roce competitivo internacionalmente, han tenido que sufrir o batallar más que nadie por hacerse un puesto dentro del más discreto plantel de cualquier liga extranjera. A menudo “utilizados por la prensa” a su llegada al NUEVO PAIS, luego no han contado con el apoyo mediático necesario para poder demostrar su talento, grande o mediano. Con certeza han tenido que alimentarse de una realidad para poder vivir, imposible de conciliar con el deseo de poder materializar su sueño y sus esperanzas futbolísticas.
El Fútbol – casi todos lo sabemos – es un deporte en que el atleta se forja desde las categorías infantiles, pasando por las distintas etapas de todo un apoyo escolar educativo y financiero de clubes, escuelas, becas etc., cuya máxima representatividad está garantizada en los países que tradicionalmente constituyen cantera de talentos por idiosincrasias propias de toda una cultura dirigida en este aspecto,  y Cuba, hay que reconocerlo NO ESTA dentro de esos países.
No es menos cierto que muchos clubes extranjeros están desde hace años “cazando” muchachitos de 15 y 16 años en Brasil y en otros lugares de nuestro continente a los cuales “terminan de formar” y de los cuales entonces pueden extraer sus mejores dividendos. Importando talentos del toque del toque en corto y la improvisación con el balón en los pies, europeizándolos luego con el pragmatismo del fútbol posicional y de fuerza esquemática.
Sin “Curriculum Vitae” han llegado a EE.UU, Italia, España y otros países, jugadores que compitieron, representando a Cuba, en escasos eventos deportivos, midiendo sus fuerzas de tú a tú, o de 40 a 60, o de 30 a 70 con otros que ahora, a nivel de clubes los superan en papeles, SOLO QUIZAS EN PAPELES,  un 90 a 10.
Echar a un lado esta injusticia, brindarles la posibilidad de darse a conocer, como atletas y como seres humanos, a través de su pensamiento, es la idea fundamental de este trabajo, cuya serie de entrevistas a futbolistas cubanos emigrados  aun ahora, se antoja como esta misma realidad en que ellos viven, interminables de cumplir.
En ello pienso, mientras veo alejarse al loco René Sánchez, al Renecito del Barrio, a mi amigo de la infancia. Pienso en todos los que aun me falta por entrevistar. En los que aun me falta por convencer para que conversen. En un Yeniel, en un Yordanis…
Pienso incluso que esta es una entrevista inconclusa. Roma es una ciudad demasiado bella como para no aceptar el ofrecimiento del Rene y venir a ella.
Quizás en su casa, sentados en un sofá, sin premuras, pueda contarme todas las demás cosas que aun quedaron por responderse.

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