lunes, 3 de junio de 2013

Las otras caras de un triunfo

Mucho podrá decirse del pase de Pinar a la gran final frente al actual Campeón de Cuba: Villa Clara, habrá quienes enaltezcan sus triunfos y quienes traten de disminuirlos con adjetivos despectivos o ignorando que si han llegado aquí es por virtudes propias y no por carencias de otros, Pinar está en la final a pesar de los pesares, porque este grupo de muchachos se lo creyó, porque entendió lo que quería su técnico y porque sobre todo y a pesar de todos sintió el amor por su camiseta, respeto por su público ese que lo apoyó en las tardes amargas de Segunda División.
Muchas historias se podrán de este equipo que juega en un potrero de mala muerte, en lo que una vez fue la pista de atletismo del ISCG Nancy Uranga Romagoza y que ahora debe jugar en uno que ni medidas oficiales para la práctica del más hermoso del mundo, en la EIDE Osmany Arenado, muchas podrán contarse pero pocas ilustran tanto lo que esta camiseta representa para este grupo de jóvenes como la vivida por el viñalero Osvaldo Lemus.
Hasta una semana el muchacho, ex miembro de aquella generación dorada del 2009 que se proclamó Campeona del Caribe Sub 17 en Trinidad y Tobago y que meses después derrotaba a la potente escuadra mexicana 2-1 en pleno Marrero, se encontraba en tierras francesas, pugnando por que se le aceptara el retorno al equipo algo que lograría gracias a los esfuerzos de su técnico Pablo Elier Sánchez.
Dos días después del doloroso empate en tierras pinareñas frente al conjunto de la capital, la vida le deparaba un golpe aun más duro, su tío Pito dejaba de existir. La pérdida familiar hizo que el “Pay”, como se le conoce en el mundillo futbolístico, no pudiera viajar con todo el equipo ese día, pero el dolor y la tristeza no impediría a este volante pinareño llegar a su cita con la historia, había un compromiso, no solo con aquel hombre que le había abierto un hueco entre los suyos sino también con el futbol, con su Pinar querido.
Bajo un torrencial aguacero y después de una larga noche de velorio, llegó al Marrero, se vistió y se sentó en el banquillo de suplentes y con los mismos ojos que solo horas antes había llorado al familiar ausente, leyó el partido, exprimió cada detalle… cada rival.
Se levantó y se acercó al Profe para pedirle que lo dejara jugar, unos minutos había una promesa que cumplir, antes de su partida le había prometido a su tío que jugaría ese partido y que marcaría en su honor.
Y el viejo Lobo futbolero le abrió las puertas del gramado a Lemus ¿Sapiensa o corazonada? Solo Elier lo sabrá, y el muchacho entró como una exhalación, con esa hambre de gol que solo los grandes tienen y a los pocos minutos la ocasión dorada un balón en el área con la marca pegajosa del Pulla, que casi le comete penal, pero el Pay no quiso que así fuera, se repuso del contacto con el defensor y revolviéndose en el área, tal y como había hecho en Macoya cuatro años atrás para darle a Cuba el título caribeño, mandó el cuero al fondo de las piolas.
Un gol que no solo cumplía una promesa, que aseguraba el pase que desataba la fiesta sino que era una bofetada en pleno rostro a los dirigentes deportivos y futbolísticos en Pinar del Río que ni siquiera se molestaron en enviar un representante con el equipo a tan importante partido y que ni siquiera se inmutaron con el regreso triunfal de la tropa de Pablo Elier, no hubo ceremonias, ni movilizaciones de recibimiento como ocurriera cuando el equipo de Beisbol lograba su clasificación, como último, entre los 8 primeros de la pelota cubana.
Pinar está de vuelta a pesar del olvido, de las mutilaciones y los demás tendrán que mirarnos a los ojos cuando nos paremos cancha de por medio porque quien ose mirarnos por encima del hombro tendrá que buscar los balones en sus redes y a la fiesta de celebración tendrá que pedir invitaciones.

1 comentario:

  1. Vi crecer a este viñalero, puro talento y humildad, lástima que este tan maltratado, de comisión técnica de pinar nada asombra, pobre padecen de anemia futbolística.

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