sábado, 16 de junio de 2012

De nuestra historia futbolística. Los Diablos Rojos

Cuando se habla del futbol cubano y sobre todo de aquel que se jugaba antes de 1959 se suele mencionar solo los equipos de La Habana ignorándose casi por completo aquellos provenientes del interior del país, “olvido” que puede tener su origen (aparte de la poca difusión de nuestro futbol, actual o del pasado) en el amplio dominio ejercido por los conjuntos de la capital sobre los del resto del país, al punto de acaparar 45 de los 47 títulos puestos en disputa entre 1912 y 1959, escapándosele de sus vitrinas solamente los torneos de 1930 ganado por el Deportivo Español y el de 1949 que fue a parar a las manos de los Diablos Rojos en 1949.

La poca literatura hace casi imposible el escribir sobre los equipos y el futbol de la zona este del país muy a pesar de que en ella se practicaba este deporte desde los principios del siglo pasado habiendo, incluso,  quienes aseguran que los primeros partidos de futbol en tierras cubanas se jugaron en Manatí y otros que aseguran haber visto en los terrenos de El Cobre haber visto el singular deporte por esos años introducido por mineros emigrados de Huelva, región de España de donde proviene el Club de Futbol más antiguo de la madre patria: el Recreativo Huelva cuya fundación data del 23 de Diciembre de 1889.

El tratar de hacer un listado de los grandes equipos de la zona sería arriesgarse a la imprecisión y a herir sentimientos de los hermanos de sangre cubana provenientes de la tierra caliente, desde los pioneros Guantánamo Sport Club, el Club Olímpico de Santiago de Cuba, pasando por el Deportivo Guantánamo, El Dolores, El Deportico Español, Juventud Oriental, Colegio Don Bosco o el Club Hispano (formado casi completamente por negros cubanos)  de Santiago de Cuba, hasta los Millonarios de Zulueta, los camagüeyanos Libertad o Atlético fueron muchos los clubs que vivieron días de gloria o le dieron vida al futbol en el interior del país, pero ninguno alcanzó la grandeza de los Diablos Rojos del Central Almeida, posteriormente Baltony, equipo que por más de 40 años logró no solo sobrevivir a los embates del tiempo y la economía (algo de lo que no podrían alardear ni los más poderosos equipos habaneros) sino que también logró mantenerse en los primeros lugares de nuestro futbol siendo un habitual concursante de las finales orientales o nacionales de los diferentes torneos organizados en nuestro país con un movimiento futbolístico que no solo se limitaba al equipo principal sino que incluía a divisiones infantiles y juveniles.

Poco se sabe el origen mismo del nombre del equipo, pues quienes hoy peinan canas cuentan que de niños oyeron decir que el nombre se lo había dado un mexicano que se hizo cargo de la administración del Central cuando este quebró durante la crisis azucarera de los años treinta, aunque esta teoría se tambalea cuando se revisan algunos periódicos de la época y ya se encuentra que en 1929 ya eran conocidos como Diablos Rojos a nivel Nacional, lo cual revitaliza la teoría surgida a principios de los 90, cuando el equipo de Pinar del Río visitó a la capital mexicana para discutir la Final de la Copa de Campeones de la CONCACAF contra los PUMAS de la UNAM, en la que decía, en un programa radial, que las cosas habían sido a la inversa y que fue alguien proveniente de las tierras del Central Almeida quien se había traído el nombre desde Cuba a Toluca y bautizado al equipo de esa ciudad mexicana con el nombre del equipo oriental.

Tampoco se sabe de sus orígenes que se pierden entre los últimos años de la década del 10 ó primeros años de la década del 20 sin que nadie sepa exactamente cuando se crearon o de donde proviene el nombre del equipo lo que sí es cierto es que ya a finales de los años 20 se había establecido como uno de los equipos más poderosos de la Confederación de Oriente estableciendo una rivalidad encarnizada con el equipo Deportivo Español de Santiago de Cuba.

En 1929 reunieron un poderoso equipo que se proclamó Campeón del Campeonato de la Federación Oriental al acumular 16 puntos la mitad de ellos por Forfait ya que los equipos no se presentaban a enfrentarlos, sin embargo en un movimiento inesperado del organismo rector del balompié oriental los muchachos del Central Almeida fueron despojados del título y la posibilidad de disputar el Campeonato Nacional, plaza que se le otorgó al equipo de Dolores de Santiago de Cuba que fue superado por el Juventud Asturiana.

Un año después los Diablos Rojos volvieron a integrar un equipo de lujo y que dirigido por el Sr Diego Hernández, contaba en sus filas a Alfonso Trabanco como portero, Juan Hernández (medio Izquierdo), Aurelio Fonte (Interior Derecho), Indalecio Cueto (extremo derecho), Paco Pérez (centro delantero), Pedro Gil (medio derecho), Félix Velasco (defensa Izquierdo), Emilio Baldají “Pirulí” (defensa derecho), Ramón Guerra (extremo izquierdo), Mario Fonte (medio central), Manuel Cotelo (interior izquierdo) y Nando Faraudy.

Sin embargo y a pesar de haber liderado la primera vuelta, no pudieron sostener su ventaja sobre el Deportivo Español, equipo que ya había discutido el título nacional en 1927 contra el Olimpia y que se había reforzado para esta edición importando a varios jugadores que habían jugado en los principales equipos habaneros como Víctor Santos (un medio campista que había jugado en el Hispano América) y Álvaro Borrazas y Chaira, que lo habían hecho en el Fortuna. A ellos unieron a jugadores como Luis Pérez, Álvaro Marasa, Santiso, Juan Verazuri, Manuel Rodríguez, Ángel Ojeda, Antonio Parodi y Ramonín, redondeando un equipo que terminaría proclamándose Campeón Nacional, no sin antes librar una enconada lucha contra los Diablos.

Precisamente de esa rivalidad surgió una de esas historias pintorescas de nuestro futbol de entonces, con el título del Campeón de Oriente en la línea se vieron las caras el 27 de Abril de 1930, Diablos y Deportivistas en los predios de los primeros, en un partido caracterizado por los contantes incidentes entre ambos equipos y que llevaron al árbitro designado para dirigir el mismo a abandonar la cancha a los 15 minutos de juego y negarse a seguir dirigiendo el encuentro.

La situación provocó que el Presidente de la Federación  nombrara a Jorge Palome para seguir diriendo el encuentro a lo que los Españolistas se opusieron y poniendo como condición para aceptar la designación que se les diera un gol de ventaja a lo que los locales terminaron accediendo, la ventaja duraría poco pues los Diablos empatarían a los pocos minutos, al final y a pesar de que se continuó con el juego brusco la sangre no llegó al rio y a pesar del espectacular dominio de los Diablos Rojos el partido terminaría con un empate a dos goles.

En 1936 parecía llegar la oportunidad esperada por los Diablos, nuevamente con un gran equipo llegaban esta vez a discutir el título nacional nada más y nada menos que contra los Toros del Juventud Asturiana, equipo que justo antes de la definición del Campeonato hizo su mejor jugada al hacerse con los servicios del portero titular de los Diablos: Juan Ayra. Ante la pérdida de Ayra los orientales quisieron llevarse como refuerzo a José María Queralt, excelente portero guantanamero de la época pero este se negó a jugar por la gran rivalidad de su equipo con el del Central Almeida, que se vio obligado a usar su tercera opción el portero suplente: Músico.

No fue hasta 1949 cuando el por fin llegó el ansiado y merecido título nacional venciendo al conjunto de La Ceiba en la final gracias a dos goles conseguidos por Salvita. En los cincuenta continuó su protagonismo en tierras orientales y a nivel nacional, tanto como miembro de la Federación Cubana de Futbol o de la separatista Confederación de Futbol dirigida por Gironella, aunque no pudo repetir ninguna otra corona nacional hasta su desaparición en los años 60.

Muchos fueron los jugadores que pasaron por las ilustres filas de los Diablos Rojos: Cocoliso Despaigne (portero del equipo Campeón de 1949), los defensas Sierra, Juanillo, Payito Fuentes, Dennis Suárez, el Indio Nando, Rigoberto “Rigo”, Tatá, el Gallego Pérez (delanteros del equipo en los 50), Adalberto Martínez, Ratón Blanco y la familia Casal, Sigifredo, Pepe (quien llegó a ser presidente de la Federación Oriental) y Esteban.

Esteban, un delantero centro, que con el tiempo debió retrasarse un poco debido a una lesión en la rodilla, que nació en Santiago de Cuba el 26 de Diciembre de 1914, se unió a los Diablos Rojos en 1933 después de haber pasado por los equipos de La Lima y La Colonia Española de Guantánamo, y con ellos se llegó a proclamarse líder goleador del Campeonato de Oriente, jugando el partido de 1936 por el título nacional, así como integrando el equipo que se tituló en 1949, aunque no llegó a jugar el partido definitorio, tras lo cual se retiró dedicándose solo a jugar partidos amistosos. Emigró en los años sesenta y fijó su residencia final en Miami en donde falleció el 7 de Abril del 2009 en compañía de su otra gran pasión: su familia.

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