miércoles, 4 de abril de 2012

¿Beisbol o futbol? Claramente Beisbol.


¿Futbol o pelota? Esa es la pregunta, diría el Hamlet cubano de estos tiempos ante la polémica surgida en las últimas semanas al respecto en toda la isla y que ha motivado artículos y comentarios en diferentes páginas de internet, en la radio y en la televisión en los que han opinado desde el más humilde de los mortales hasta las “figuras más relevantes del periodismo deportivo cubano” y mientras unos piden convivencia entre ambos, los fieles amantes del beisbol piden echarle tierra al incómodo vecino que de a poco va ganando terreno en la preferencia de los cubanos.
De esnobistas y otro sin fin de cosas somos acusados aquellos que osamos preferir gritar a pulmón lleno un gol a un jonrón por aquellos que se creen dueños de la historia y el cubanismo, algo que no sorprende en un país de mente estrecha y dado a los estereotipos y en el que ser un buen cubano ha sido marcado por cosas tan simples como el tipo de música que escuchabas, el largo del cabello o como se usaba un pantalón.
De éxitos está llena la historia del beisbol cubano, mismos que apenas se notan en quien hoy se disputa el corazón de los jóvenes cubanos de hoy, pero éxitos no significa cubanismo, falta de tradición o historia, porque esa, si existe y es tan larga como la del beisbol o quizás aun más longeva, tan longeva como nuestros indios y es que la vieja historia del Batos, palidece y se torna endeble cuando se busca en las innumerables fuentes que existen en el mundo mediático de hoy.
Pues si las páginas cubanas está llenas con referencia al juego de Batos, en los que los Tainos golpeaban con un bate una bola de resina, en otras el mismo juego indígena se define como Batú y en el que en un terreno rectangular se empujaba la misma pelotica de resina con cualquier parte del cuerpo menos con las manos ¿futbol? Vaya a usted a saber, habría que consultar al mismísimo Cristóbal o montarse en la máquina del tiempo para saber la verdadera esencia de aquel juego Taíno.
Pero más allá de cual historia sea la verdadera, lo cierto es que la preferencia de uno u otro a estado muy ligada al poder político u económico reinante en el país y si el futbol fue amo y señor hasta fines de los años 30, con la pérdida de la influencia española este se fue desvaneciendo y el beisbol, deporte preferido del nuevo amo económico, USA, fue ganando fuerza y adueñándose de esa posición algo a lo que además las divisiones y caudillismos que han minado la historia de nuestro futbol.
Fue esa misma pasión gringa y la obsesión con el vecino del norte “causante de todos nuestros males” lo que convirtió al beisbol más que un deporte en un arma para derrotar al poderoso “enemigo”, mostrar nuestras virtudes sobre las suyas y por tanto convertirse el niño mimado de la nueva dirigencia que no disimuló nunca su pasión por este deporte.
Poco importaba ya el futbol un deporte sin pasión a 90 millas de nuestra costas en el que una victoria poco aportaba a nuestro ego y en el que el deslumbrante brillo de las medallas o un lugar preponderante a nivel mundial eran algo quimérico y si bien lo importante era competir, aun más lo era el obtener medallas, pues al fin y al cabo la maquinaria deportiva ha sido una de las banderas de quienes rigen los destinos de nuestra tierra desde hace más de 50 años.
No hay que ser eruditos de historia para darse cuenta de que la explosión del futbol hoy en día no es nada nuevo y es solo la explosión de esa que durante años se ha vivido de manera subterránea y reprimida, esa que se trató de acallar cuando se envió al futbol lejos de las cabeceras provinciales ante el pánico creado ante la creciente pasión que despertaba y algunos éxitos de nuestras selecciones juveniles y clubes provinciales. Esa misma pasión que nos agrupaba alrededor de una radio, casi clandestinamente, para escuchar los partidos de la Liga española o a interminables viajes para ver a nuestro equipo provincial donde fuera que lo hubiesen refundido.
De poco han servido los malos manejos de la Federación Cubana, la desviación de los recursos de la FIFA hacia el beisbol, los papelones en los torneos internacionales o los Campeonatos Nacionales irregulares y más parecidos a un carnaval que a un evento deportivo serio, pues no solo la pasión futbolística, apuntalada por las Ligas internacionales, se ha mantenido sino que ha motivado un cambio de mentalidad del fanático cubano que ha pasado del conformista: “no servimos” al demandante, al exigente, al que pide explicaciones y dimisiones, algo impensado hace solo unos años atrás.
Pero más allá de apasionamientos debemos ser realistas, y en esta pelea que nos han inventado, nuestro maltrecho futbol sigue sin opciones de triunfo y no solo por la falta de apoyo o difusión sino por que queramos o no a este mundo lo mueven la fama y el dinero y eso es lo que abunda en el beisbol, lo primero en el nuestro y lo segundo en las Ligas Mayores.
El futbol es apenas un niño en crecimiento a 90 millas con sueldos a veces irrisibles, mientras que el beisbol es una maquinaria perfectamente engrasada con salarios exorbitantes, donde jugadores de cuestionable calidad llegan a ganar mucho más que las máximas estrellas futbolísticas y en la que el hecho de ser cubano te abre puerta y media para entrar en su pirámide.
Hoy se dan de cabezas aquellos que por desconocimiento de la historia jugaron al peligrosos juego de ocultar la verdad han creado un monstruo al que, ahora, temen no poder controlar. Al no tener un beisbol de nivel a domicilio y tener vetado el que se juega en el exterior, el aficionado cubano, conocedor del deporte como pocos, ha revivido sus genes futbolísticos y a falta de un torneo local desata toda su pasión hacia los colores de clubes extranjeros a los que ha hecho suyos y a los que incluso a través de grandes sacrificios puede disfrutar, porque de que sirve ser fanático de los Yankees o los Marlins, si nunca los puedo ver cuando puedo serla del Barcelona o el Madrid y verlos aunque sea con tres días de retraso.
¿Beisbol o futbol? Aquí no hay dilema, discusión o convivencia pacífica y no porque no se pueda sino porque los que hacen las reglas ya lo decidieron hace rato: BEISBOL

1 comentario:

  1. A estos apuntes hay que añadir que en Cuba no existen ligas paralelas de FUTBOL (SOCCER) y de FUTBOL SALA (FUTSAL), otras de las limitaciones que atentan al pujante mundo del Fútbol en Cuba. En España por ejemplo, el jugador de cualquiera de las dos variantes se comienza a formar desde edades tempranas. Incluso, una vez quise organizar un torneo de Fútbol Sala en Ciudad de La Habana y el recién electo Comisionado Provincial de Fútbol, sustituto del desaparecido Lotina, me dijo que no, porque se iba a jugar la provincial, temiendo que algunos jugadores prefirieran el Sala en vez del "11", cuando los dos pueden convivir perfectamente. Si a todo esto agregamos los intereses que se mueven alrededor del Béisbol, "APAGA Y VÁMONOS".

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