lunes, 9 de enero de 2012

El fútbol cubano fuera de revoluciones

El 11 de diciembre pasado se cumplieron 100 años de fútbol cubano. Porque existe un fútbol cubano, a pesar de Cuba.

Como si Cuba no tuviera ya suficientes dolores de cabeza, a los cubanos ahora les ha dado por el fútbol.

La historia reciente del fútbol en Cuba es la historia de una divergencia de acusado trasfondo político con el hermano déspota del movimiento deportivo cubano: el béisbol. Una divergencia que se refleja en todos los ámbitos de la sociedad cubana post-59, y que tiene como protagonistas, por una parte, aquellos sujetos, estructuras o dinámicas sociales privilegiados por la administración Castro y por la otra, todo lo demás.

Ante la evidencia de que el juguete Cuba tenía demasiadas ramificaciones que hacer funcionar en paralelo, sus nuevos gobernantes decidieron simplificar la cuestión y otorgarle a determinados subgéneros de la realidad el poder de crecer y multiplicarse, lesionando el espacio vital de sus homólogos hasta casi hacerlos desaparecer. El paisaje de un país entero realizado con las cuatro crayolas básicas.

Esto lo hicieron usando, entre otras métodos, la jugada maestra de equiparar “lo nacional” a “lo revolucionario” y, por default, “Lo Único Digno”.

Así, el realismo socialista quiso ser “la literatura”, los héroes de la patria sagrada le agitaron la pared de la sala a santos y virgencitas, y el tocororo ocupó el penthouse que en una palma habían construido con mucho sacrificio un par de chinchilas. El béisbol, juego preferido de la nueva clase dirigente, pasó a ser, faltaría más, “el deporte”.

Está jodido el gorrión si por descuido o mala intención se le ocurre nada más que posar sus patitas inalámbricas en la rama de entrada al penthouse. Aquí el tipo es el tocororo que se viste como es debido, y no un montón de cabroncitos que prefieren pagar 1 CUC nacional en bares y/u hoteles de nuestro verde caimán (ay, lo verde; uy, lo caimán…) para ver jugar al Club Barcelona, antes que matar la jugada con un peso cubano y dejar las nalgas en el cementoso y nacional Estadio Latinoamericano, siguiendo a los Industriales durante las cuatro horas que puede durar el partido.

Con esos truenos, al mono amarrado del fútbol cubano no le quedó más remedio que asumir un carácter y existencia de fenómeno de frontera, y dedicarse a zorrear con la posibilidad de anotar en un contragolpe el gol de la honrilla jugando en casa del león (árbitro y público en contra).

Mucho se ha hablado de las relativamente meritorias décadas del 70 y 80 para el equipo de las cuatro letras. El erial económico de principios de los 90 cambiaría la historia, y en las escuálidas incursiones de la tricolor en la arena internacional se vería un fútbol chapucero, disparatado como el país al que representaba. Sin embargo, para la segunda mitad de la década algo estaba cambiando.

Pónganle un día y mes cualquiera. En 1997 ó 1998. Las capas dirigentes le pitan offside al más universal dentro de la caldera criolla: los estadios de béisbol a lo largo y estrecho del país están llenando sus gradas a base de acoger partidos del Campeonato Nacional de Fútbol y ligas provinciales. 
No sucede lo mismo con el sacrosanto y sofocado des-porte nacional. Le falta cintura al jueguito del palito y la pelotica. Hay que parar esto a como dé lugar. ¿Pero cómo, jefe? Cállate, imbécil, que estoy pensando… Ya sé, con el pretexto de la identidad, esa cosa verde que se da en las matas y gusta tanto a los chivos.

Lo enunciaremos así: el fútbol cubano necesita crear una identidad propia y, por tanto, no puede jugarse en los estadios de béisbol. Para ello se le habilitarán unos potreros (a razón de uno por provincia), sin las mínimas condiciones para los futbolistas y mucho menos para el público, que tendrá que presenciar los partidos de pie bajo el sol en no pocas sedes provinciales.

La estrategia surte efecto (el ciudadano cubano tiene otros muchos trabajos que pasar por esos días), y las aguas negras vuelven a su cauce. Esto no es una canción de amor.

La primera década del nuevo siglo se puede resumir en la historia de tres generaciones perdidas, más o menos en sincronía con los fracasos en el camino hacia las Copas del Mundo de 2002, 2006 y 2010. En parte, por los lógicos procesos de renovación de talento que experimenta toda selección, pero sobre todo por un éxodo de jugadores que, habiendo comenzado en los últimos años 90, parece no tener fin. Ante la falta de perspectivas de desarrollo deportivo y económico al interior de la Isla, no pocos futbolistas se plantean la posibilidad de insertarse en competiciones profesionales del extranjero, a contrapelo de las directrices políticas que practican los mantecosos ideólogos del INDER y el CC-PCC.

El sema político del asunto se acentúa en el hecho de que la vía más usada para ello son nada menos que las salidas de la selección cubana a competencias internacionales, donde abandonan el equipo. Nuestros futbolistas escapan saltando barandas o yendo un momentico al baño en el aeropuerto, por la ventanilla del servicio sanitario, en short y chancletas, o por la escalera de incendios del hotel.

En la actualidad más de una docena de futbolistas isleños se desempeñan en ligas de Estados Unidos, Puerto Rico, El Salvador, España, Italia, Alemania, Holanda, Noruega y Estonia. Al menos seis de ellos lo hacen en competiciones de primera división, pero todos cuentan con sobradas potencialidades para ser llamados a la selección y conformar, junto a algunas figuras aún en la Isla, un equipo respetable, por lo menos, en el área geográfica de la Confederación Norte, Centroamericana y del Caribe de Fútbol (CONCACAF), si no más allá.

Sin embargo, estos jugadores son “desertores” o “no interesan” al Seleccionador Nacional. Son “traidores a la patria”, según la retórica de campamento militar característica del gobierno cubano. Han decidido vivir de lo que mejor saben hacer, en lugar de recibir salarios fantasmas de panaderos, profesores de educación física o trabajadores de servicios comunales, y estipendios o dietas con los que trapichear en sus salidas al extranjero.

Pero más allá de la cuestión política, mucho se engañan quienes piensan que una eventual suspensión de la hostilidad hacia estos futbolistas podría hacerlos vestir la camiseta de las cuatro letras. Y es que en la concreta, al no generar ingresos, la AFC no está en condiciones de pagar boletos de avión y estancia en hoteles para que estos jugadores puedan desplazarse hasta las sedes de los partidos de la selección nacional. Es el caso de Armando Cruz, futbolista camagüeyano que en los años 90 fue insertado por la propia AFC en el club alemán SC Bonner, pero ello le valió no ser convocado para el proceso eliminatorio al Mundial de Francia 1998.

Aunque este obstáculo podría solventarse mediante la imposición de determinadas cláusulas en los contratos de clubes extranjeros a nuestros deportistas, falta la voluntad política para hacerlo y (otra vez) aparece la oreja peluda del Gran Hermano del bate y la pelota, cuya sostenida crisis de resultados podría verse negativamente complementada por la cesión de protagonismo ante una selección de fútbol capaz de tener una actuación exitosa en la arena internacional.

Muy distinta ha sido la disposición mostrada por algunos de nuestros más importantes legionarios. Hombres fundamentales en su momento para la selección, como Eduardo Cebrango desde Canadá, Julio César Maya desde Puerto Rico, y los actuales participantes en la MLS (Primera División de USA), Maykel Galindo y Osvaldo Alonso, han reiterado su total disposición a integrar la formación de los Leones del Caribe. “Si me dicen que sí, ahora mismo me cambio de ropa y salto al terreno”, fueron las palabras de Ozzie Alonso, quien viajó desde Seattle hasta la sede de los partidos de Cuba en la Copa de Oro de 2011, para regalar zapatillas de fútbol compradas de su bolsillo a sus ex-compañeros de selección. A cambio sólo obtuvo el desprecio y la soberbia de un miembro del aparato de seguridad de la Delegación Cubana, quien en el lobby del hotel lo despachó diciéndole que un desertor como él no tenía nada que hacer allí, y le impidió ver a los futbolistas.

La década 00 se cierra con un desastroso cambio de estructura del Campeonato Nacional, con la fragmentación de este en Ligas de Primera y Segunda División, lo cual reduce el número de partidos de primer nivel que juega cada futbolista al año. Pero un poco antes tuvo lugar el tristemente célebre “Guantanamazo”, cuando durante un partido Guantánamo-Cienfuegos del Campeonato Nacional, tuvo lugar una trifulca indudablemente orientada “desde arriba”, con el objetivo de desarticular al entonces bicampeón Cienfuegos mediante la aplicación de suspensiones disciplinarias a jugadores clave para el equipo. Se ha comprobado que el informe de la sanción ya estaba preparado de antemano, incluyendo el nombre de un estudiante de Medicina… perdón, de un jugador que no hizo el viaje a Guantánamo, pero iba a ser sancionado de todas maneras, por haberle salido al paso a actitudes despreciativas del presidente de la AFC para con los campeones durante la premiación del Campeonato anterior.

Hablando de directivos, muchos pensaban que después del papelazo de la Copa de Oro 2011, donde en tres partidos Cuba recibió 16 goles y anotó sólo uno, el minuto 90 había llegado para la camarilla de la AFC, básicamente un grupo de exfutbolistas que han recalado en cargos directivos gracias a esa surreal política de compensación que practica el INDER hacia aquellos ex-deportistas que, durante sus años en activo, tuvieron un papel destacado de activismo político dentro de sus respectivos equipos.

Expresiones de repudio y hasta de amenaza para todos los gustos, pudieron leerse en el Blog del Fútbol Cubano y, otras más tibias pero críticas, en los posts de usuarios del diario oficialista Juventud Rebelde. Mucho tuvo que ver en ello el derroche de cinismo del que había hecho gala el presidente Luis Hernández en tierras norteamericanas, al declarar, a propósito de las dificultades de acceso a los jugadores cubanos por parte de la prensa que cubría el evento, que nuestros futbolistas (quienes permanecían más o menos encarcelados en sus habitaciones), son iguales a los de cualquier parte del mundo.

Pero está claro que hace falta más de un sonado ridículo en el plano internacional para desbancar al hombre clave del INDER y su núcleo duro, la Comisión Nacional de Béisbol. En la ficha técnica de Hernández aparecen por igual la falta de estrategias efectivas de desarrollo, declaraciones demagógicas y contradictorias entre sí, globos inflados, y el otorgamiento (o el visto bueno para ello) de puestos de Seleccionador Nacional a familiares y amigos. Resalta entre sus logros la ausencia total de una estrategia de comunicación e imagen institucional por parte de la AFC, con apenas un perfil de Facebook que no se actualiza por motivos como “el inmenso dolor que sentíamos tras las derrotas de nuestro equipo a manos de Granada y Guadalupe (en la Copa del Caribe de 2008)”.

En el plano mediático, la condición fantasmagórica de nuestro fútbol es proverbial. Los medios de comunicación han practicado una consuetudinaria política de desinformación alrededor del más universal en la Isla, de manera que muchas veces es más difícil conseguir el resultado de un partido del campeonato nacional o de la selección, que los de una competición europea. Más allá de la cuota de responsabilidad que le toca a la incompetente AFC en este y otros temas, la jugada de engaño ha consistido en amplificar la difusión de fútbol internacional en los últimos años hasta límites insospechados, al tiempo que se desaparece al zafio gorrión. Ello contribuye a solidificar en la población esa construcción colectiva de sentido según la cual el fútbol cubano no existe, es inocuo, Cuba no es un país de fútbol.

Pero ha sido peor el remedio que la enfermedad. El más elemental vistazo a las calles de nuestro país demuestran la confirmación de un cambio en la preferencia de seguimiento y práctica deportiva. El mazazo ha sido tal que no hablar de ello en los programas de radio y TV ha perdido sentido, y la mesa ha quedado servida para que la cuestión de la dicotomía política béisbol–fútbol en la Cuba 2011, aparezca tímida pero explícitamente por estos días en los medios nacionales. Y lo que está en el centro del debate no es otra cosa que la conveniencia de disminuir ex-profeso las exiguas 5 horas semanales (unas 8 para los habaneros) de transmisiones televisivas de fútbol.

Voces de jóvenes periodistas como Pável Otero, de Canal Habana Deportes, y Ariel B. Coya, del diario Granma, han objetado la restricción a-cojones-way del más universal, si lo que se persigue con ello es salvaguardar el tratamiento privilegiado del que ha gozado siempre la pelota en los medios (y fuera de ellos). “No se puede botar el sofá. No podemos quitarle al fútbol el espacio que se merece para dárselo a la pelota”, afirmaba Otero en un inesperado rapto de arrojo, en su programa del 13 de noviembre pasado.

En el bando contrario se alinean conductores y periodistas de los programas radiales Tribuna Deportiva, de la habanera COCO, y Deportivamente, de la partidista Radio Rebelde. “Esnobismo” y “farandulería” han sido tiernos calificativos utilizados de forma reiterada en ambos espacios para describir a esa parte creciente de la población cubana que se interesa por el fútbol internacional.
Deportivamente han ido todavía más lejos, al burlarse de la actuación del equipo que nos representó en los Juegos Panamericanos de Guadalajara, unos días después de finalizados. Pese a empatar con el poderoso Brasil y perder por apenas ungol frente a potencias como Argentina y Costa Rica, para los conductores y colaboradores del programa era más relevante el hecho de que el equipo se ubicó en el último lugar del torneo. “Último lugar ¿Qué cosa es eso, chico?”, se le oyó decir al políticamente intocable Roberto Pacheco, entre risas y puyas despectivas.

Más recientemente, en la emisión de Deportivamente del viernes 18 de noviembre de 2011, el locutor Julio César Bayard sentenciaba que “El país está metido en serios problemas. Ahora la cuestión es la comida, la supervivencia”. Esto le sirvió para sostener la idea, con la anuencia del mencionado Pacheco, de que, en ese contexto, hay que seguir potenciando el tratamiento “diferencial” que tiene el béisbol dentro del movimiento deportivo cubano.

Ello incluye, entre otros métodos, poner la ayuda económica de la Federación Internacional de Asociaciones de Fútbol (FIFA) a merced del caprichito nacional de la dinosauriada, mediante las continuadas solicitudes de “préstamos” por parte de la nefasta Comisión Nacional de Béisbol (CNB) a la AFC que, huelga decirlo, nunca son devueltos.

Sin embargo, la intromisión a careta (de catcher) quitada del INDER en los asuntos internos y las finanzas de la AFC, potencialmente sancionable con la exclusión de competencias internacionales, ha sido reiteradamente ignorada por el máximo órgano mundial en cuestiones de fútbol, el cual mantiene una rara actitud de beneplácito ante las evidentes irregularidades de su díscola y seductora ahijada caribeña. Los secretos encantos de la antillana le valieron recientemente la descomunal prebenda de clasificar directamente a la ronda Semifinal de la Eliminatoria de la región, para el mundial de Brasil 2014. A pesar de no figurar entre los seis primeros países del Ranking FIFA-Coca Cola al momento de diseñarse el formato que tendría el sorteo, la selección nacional obtuvo uno de los boletos directos a semifinales, en detrimento de Panamá, cuya reclamación a la FIFA se fue por el tragante.

Como no podía ser menos, la cobertura mediática al Centenario del Fútbol Cubano demostró una vez más lo que venimos diciendo en este trabajo. Como botón de muestra, Juventud Rebelde y Granma se enfrascaban en una fraternal disputa por llevarse el Premio “Augusto Monterroso” a la consignación más breve de un suceso deportivo de dimensiones históricas dentro de la prensa plana nacional. Y el Noticiero Nacional de Televisión sorprendió al insertar, en su emisión nocturna del mismísimo 11-D una croniquita eurocentrista (pero seamos benévolos, después de todo no tenían que hacerlo, ¿verdad?), y desear felicidades al cumpleañero gorrión ya en la despedida del programa.

Del partido jugado por el Centenario hay poco que comentar. Los huecos del techo en franca expansión, y un sistema de audio que ni siquiera le dio la oportunidad a la concurrencia cantar-sin-cantar el Himno Nacional, como hace habitualmente, pues éste nunca se escuchó en el Estadio. Por lo demás, parecía que iba a ser posible llevarnos un recuerdo bonito de ese día, algún tipo de boba esperanza que nos permitiera mirar al futuro y empezar otra vez. Los 4000 cubanos que nos reunimos allí tuvimos razones para creerlo, con el 1-0, durante los 90 minutos. Pero en el minuto 92, en un lance veleidoso típico de nuestra caribeña manera de ser, la victoria se nos escapó en el momento en que alcanzaba su definición mejor. Le regalamos el empate a esa Costa Rica-B. Metáfora perfecta de la sociedad cubana actual (como se ha comentado ampliamente, por ejemplo, en el blog El Zulueteño), nuestro equipo volvió a ofrecer esa sensación de que casi sería posible hacerlo bien, pero… si no fuera por… es que…

Y cómo no, en Miami también celebraron el cumpleaños, con una reedición simbólica del primer partido oficial en la isla, Hatuey–Rovers, y un amistoso entre selecciones de veteranos de Cuba y Haití. Además, se sumaron al recordatorio los ahora mismo exitosos MLSeros Ozzie Alonso y Yordanis Álvarez, y otras figuras históricas del balompié isleño.

Volviendo a La Habana: el juego se transmitió en diferido por la noche, pues el Centenario del Fútbol Cubano no era más importante que el choque entre Industriales y Villa Clara del Campeonato Nacional de Béisbol. Si algo nos permitió recuperar un poco el buen ánimo fue el sal pa’fuera online que ello provocó en la edición digital del Juventud Rebelde del propio día, pues bajo el artículo “Costa Rica y Cuba se frustran con empate 1-1 en La Habana”, unos cuantos usuarios se alzaron contra el despropósito televisivo. “Falta de respeto”, “humillante” y “vergonzoso”, fueron algunos de los adjetivos que mereció la farsa. El rotativo azul remojó barbas y el martes 13, además de colocar en portada la foto del pelao Cervantes, dedicó al Centenario un insulso foto-reportaje a página completa, en una especie de floja jugada de compensación.

Pero, siguiendo con el tema del foro, el comentario más interesante es, sin dudas, el siguiente: “Ya comienza a dar frutos la presión de la CNB y los que quieren imponer a sangre y fuego la pelota sobre el fútbol!!!”, pues junto a otras opiniones en la misma línea, remite a la idea de formación de una conciencia en los aficionados sobre los matices políticos del asunto.

Mucho ha tenido que ver en ello la aparición, hacia el verano de 2009, del Blog del Fútbol Cubano, gestionado por Mario Lara, pinareño residente en USA. En sus más de dos años de existencia, el blog ha devenido un verdadero enclave de resistencia y de libertad de opinión para el aficionado cubano. Con información actualizada que a veces incluye hasta la transmisión (vía chat) de los partidos de la selección, además de material multimedia y trabajos de corte histórico, este sitio es hoy una fuerza dinamizadora del ámbito futbolístico nacional, pues constituye un instrumento de denuncia y relativo muro de contención a la actitud de impunidad de quienes “cortan el bacalao” en el planeta INDER. Es sabido que al blog no se le pierde ni pie ni pisada en la AFC, lo cual se traduce en la censura automática a su gestor cuando intenta participar en foros cubanos.

Y es que desde su mismísima motivación inicial, es inevitable encontrar una fuerte dimensión política en este proyecto, pues según Lara, fue concebido como alternativa al oficialista y desenfocado sitio web FUTCUBA, de Telepinar, que en sus últimos tiempos se caracterizó por la inclemente censura a los comentarios de usuarios, y por extraviar poco a poco el rumbo para el cual había sido creado, al dedicarse mayormente al fútbol internacional.

Importante y valioso en su momento, si un plus histórico se le puede reconocer a FUTCUBA, es haber servido como espacio propicio para demostrar la imposibilidad de hablar de fútbol cubano sin hablar de política, y para explicitar la condición militante de la mayoría de aficionados, en una postura abiertamente contraria a la intromisión del INDER en los asuntos futbolísticos y la subyugación de éstos al béisbol. Esto es, la gestación de una conciencia colectiva, según la cual se experimenta el fútbol cubano como fenómeno periférico pero que no busca una conciliación con los centros de poder, si ello significa aceptar la limosna de consumir, de manera pasiva, información altamente politizada y, en la práctica, imposible de cuestionar en el mismo espacio público en que se brinda.

En la actualidad, debido a los malos resultados y al hecho de no jugar prácticamente ningún partido amistoso de carácter oficial, Cuba duerme plácidamente en el puesto 92 (de un total de 212) del Ranking de Selecciones Nacionales de la FIFA, y ha caído desde la quinta posición que llegó a ocupar en el área de CONCACAF, hasta la decimotercera, por detrás de países como Haití o Antigua y Barbuda. Sin embargo, para el Soccer Power Index de ESPN (que en opinión de muchos especialistas refleja con mayor exactitud el potencial real de cada selección), el panorama de los Leones del Caribe es aún peor, pues nos ubica en el escaño 116 y, basándose en patrones estadísticos, sostiene que la selección nacional perdería por 2 goles a 1 frente a un equipo promedio.

En este contexto, y mal que nos pese, son bien pobres las expectativas del aficionado común de cara al proceso eliminatorio hacia el Mundial de Brasil 2014, a iniciarse en junio próximo. Así lo sugiere el conjunto de imposibilidades deportivas y estructurales que hemos comentado. No le queda más al gorrión que dedicarse a perseverar en espera de mejores tiempos. Como hemos intentado ilustrar, la imposibilidad mayor del fútbol en Cuba estriba en ser, hoy por hoy, un fenómeno de seguimiento masivo y en franca expansión, y por tanto, propenso a imbricarse inevitablemente con prácticas socioculturales y económicas que no le interesan al poder. Con ello contribuye a pensar (y experimentar) la relación gobierno-sociedad en términos de confrontación, pero al mismo tiempo se coloca en un status de “peligrosidad” que puede traducirse en su eventual restricción.

Iris del Castillo
La Habana
Foto: Once inicial de la selección del centenario del fútbol en Cuba (Juventud Rebelde).
 http://www.penultimosdias.com/2011/12/31/el-futbol-cubano-fuera-de-revoluciones/

2 comentarios:

  1. excelente material no hay mas que decir todo quedo dicho nuestro futbol deberia ser expulsado de la FIFA como se ha hecho otras veces con paises y selecciones .felicitaciones al reportero de este valioso material y apoyamos 10O porciento todo lo expuesto aca

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  2. A mí me parece excelente el trabajo de Iris del Castillo, poniendo los puntos sobre las íes, haciéndose eco muchos temas que hemos tocado en este blog y aportando algunos nuevos que enriquecen aun más su trabajo y demuestran su gran pasión por el futbol.
    Habrá quien diga que so politiza demasiado, pero lamentablemente en nuestra tierra todo pareciera estar relacionado con la política, si lo sabré yo que hablando solo de futbol he sido catalogado de “enemigo” o de querer “destruir” y en el pasado algunos de mis colaboradores sufrieron castigados por cometer el “delito” de enviarme como estaba integrada una selección nacional o las alineaciones de los partidos del Campeonato Nacional.
    Agregar por demás que esta política de destrucción tiene alcances que supera nuestras fronteras pues aun aquellos que de una manera u otra han tratado de escapar de tal yugo deben enfrentarse a ese mito creado durante años de que los cubanos no nacimos para jugar al futbol, mito que ha destruido las carreras de algunos y han puesto en peligro las de otros ya que el término “futbolista cubano” equivale prácticamente a un puerta cerrada en el ámbito del futbol, más aun en los momentos actuales en los que la selección nacional no sale de un papelón para hacer otro mayor.
    Reconocer la valentía y el estómago de Iris al ser capaz de escuchar el programa “Beisboleramente”, digo “Deportivamente” de Radio Rebelde, pues a mí me produce tantas nauseas oír las sandeces de sus conductores que hace mucho rato ya que ni intento escucharlo.
    Por último agradecerle su mención al blog y a este humilde servidor.

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