viernes, 9 de diciembre de 2011

El fútbol cubano en su laberinto

El próximo domingo 11 de diciembre el fútbol cubano celebra su centenario, y tanto se hablará por estos días de aquel partido germinal en el campo Palatino entre los equipos Hatuey y Rovers —que este último ganó con un solitario gol de su capitán Jack Orr—, que ya ni les cuento.

Lo siento, pero soy de los que piensan que el pasado más que nada sirve para comprender los entuertos del presente y quizá, con un poco de sentido común, hacer mejor las cosas en el futuro; así que no suelo otorgarle mayor importancia al almanaque. Y redoblo mi disculpa, porque viendo lo que ha dado de sí en estos cien años el fútbol en Cuba, la verdad es que resulta difícil celebrarlo con el ánimo que se merece.

Y puede sonar crudo, pero es real. En Cuba, ya saben, ahora mismo se ve, se habla y se consume más fútbol que nunca antes. Pero el fútbol nacional, ese que se practica en nuestros contornos, apenas se conoce. Su tradición, su historia, su liturgia y sus protagonistas perviven más cerca del olvido y el anonimato que de otra cosa.
En ello algo de culpa tenemos la prensa, cierto. Porque muchas veces no atendemos como deberíamos el acaecer de nuestro fútbol.

Existen otras causas, sin embargo, que escapan de nuestra responsabilidad. Como el deficiente acceso a la información, por ejemplo. O cosas que se podrían hacer mejor, de entrada, en la organización del fútbol, empezando por su Campeonato Nacional, que en ningún caso debería quedar en un certamen burocrático ni en una competencia fantasma.

No debe ocurrir que si su calendario se trasplanta de fecha, para evitar el parón que solía haber durante los meses de diciembre y enero, la última edición se haya visto interrumpida no ya una, sino dos veces. O que ni siquiera su final se transmita por TV.

En ningún caso objetamos que durante la semana se emitan hasta cuatro programas dedicados al fútbol internacional. Todo lo contrario, porque gracias a espacios como Gol, en parte hoy el fútbol goza en Cuba de una popularidad sin precedentes. Pero si Cuba compite en un torneo de selecciones como la Copa de Oro, no debe ocurrir que no se transmita, pese a que el desempeño de nuestra selección ronde lo gris con pespuntes negros. Y tampoco debería suceder que las fechas FIFA continúen siendo feriados para nuestros jugadores —amén de nuestras limitaciones económicas—, porque hace falta topar más con el fútbol de afuera para medir nuestra fuerza y saber dónde pisamos, antes de desayunarnos luego otro batacazo.

Un dato revelador, en ese sentido, es que no enfrentamos a una selección europea desde que en 1988 empatamos sin goles con Albania y que desde ese entonces solo hemos jugado cinco veces con equipos pertenecientes a una confederación diferente a la CONCACAF: vs. Camerún (1997), Sudcorea (2002), y Venezuela y Chile (2007).

En realidad, hace falta capacitar mejor los recursos humanos con que contamos y tal vez la cuestión no radique en contratar un técnico extranjero para gestar un resultado de la noche a la mañana, sino en aprovechar mejor las amistades que tenemos en el mundo dispuestas a ayudarnos —que no son pocas—, para que nos transmitan sus experiencias en el día a día de los entrenamientos, mejor que en conferencias o seminarios. O más aun, en el trabajo con la cantera.

La masividad, que espontáneamente surge en las calles y placeres, si no se organiza y aprovecha mejor, se desperdicia. Y el trabajo en la base es fundamental porque el fútbol no se gesta, ni podrá gestarse nunca, en un laboratorio. Es un deporte de equipo, en el que sobresalen las individualidades, pero en primer lugar se requiere que 11 personas funcionen como un todo.

Talento tenemos, como quedó demostrado hace algunas semanas en los Panamericanos de Guadalajara, pero hay que saber potenciarlo y hay que saber, sobre todo, salirlo a buscar a la calle donde tantos niños juegan, pues nunca debemos olvidar que a Maradona, como a tantos a otros genios, lo descubrieron jugando semidescalzo en un potrero.

Hay que saber también que aun sorteando estos baches, los éxitos no llegarán enseguida, porque aun haciendo las cosas bien hará falta tiempo para que esa labor rinda sus frutos, así que es preciso desprenderse del "resultadismo" y tener paciencia, pero sobre todo trabajar con precisión y ahínco.

De paso sería bueno también que se desecharan ya algunos mitos, como que el fútbol no florece en países beisboleros. O que los cubanos no lo llevamos en la sangre¼ Por favor. Si es que la madre de Santiago Bernabeu, artífice del legendario Real Madrid de los años ’60, fue camagüeyana.


Ninguno de los planteamientos que aquí hemos expuesto es nuevo. Pero quizá por eso mismo tampoco anden errados del todo. De ahí que sería provechoso que alguno colara entre los tres palos para ver si nuestro fútbol se quita de una buena vez los pañales y echa por fin a correr. El pitazo inicial, ya lo saben, sonó hace un siglo. (Ariel B. Coya - Granma)

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