martes, 27 de septiembre de 2011

Antes existía el entrenador, y nadie le prestaba mayor atención. El entrenador murió, calladito la boca, cuando el juego dejó de ser juego y el futbol profesional necesitó una tecnocracia de orden. Entonces nació el director técnico, con la misión de evitar la improvisación, controlar la libertad y elevar al máximo el rendimiento de los jugadores, obligados a convertirse en disciplinados atletas.

El entrenador decía: Vamos a jugar.

El técnico dice: Vamos a trabajar.

Ahora se habla en números. El viaje desde la osadía hacia el miedo, historia del futbol en el siglo veinte, en su tránsito desde el 2-3-5, pasando por el 4-3-3 y el 4-4-2. Cualquier profano es capaz de traducir eso, con un poco de ayuda pero después no hay quien pueda. A partir de allí, el director técnico desarrolla fórmulas misteriosas como la sagrada concepción de Jesús, y con ella elabora esquemas tácticos más indescifrables que la Santisima Trinidad.

Del viejo pizarrón a las pantallas electrónicas; ahora las jugadas magistrales se dibujan en una computadora y se enseñan en video. Esas perfecciones rara vez se ven, después, en los partidos que la televisión transmite.

Más bien la televisión se complace exibiendo la crispación en el rostro del técnico y lo muestra mordiéndose los puños o gritando orientaciones que darían vuelta al partido si alguien pudiera entenderlas. Técnico jamás cuenta el secreto de sus victorias, aunque formula admirables explicaciones de sus derrotas: Las instrucciones eran claras, pero no fueron escuchadas, dice, cuando el equipo pierde por goleada ante un cuadrito de morondanga. O ratifica la confianza en si mismo, hablando en tercera persona más o menos así “Los reveses sufridos no empañan la conquista conceptual que el técnico ha caracterizado como una síntesis de muchos sacrificios necesarios para llegar a la eficacia”

La maquinaria del espectáculo tritura todo, todo dura poco, y el director técnico es tan desechable, como cualquier otro producto de la sociedad de consumo. Hoy el público le grita ¡No te mueras nunca!

Y el domingo que viene lo invita a morirse.

El cree que el futbol es una ciencia y la cancha un laboratorio, pero los dirigentes y la hinchada no sólo le exigen la genialidad de Einstein y la sutileza de Freud, sino también la capacidad milagrera de la Virgen de Lourdes y el aguante de Gandhi

Profesor. Daniel Luengo

DT Nacional de Futbol

(Mat 8840) Argentina

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