lunes, 3 de enero de 2011

Janos Szoke: La huella húngara en el fútbol camagüeyano

Por: Oreidis Pimentel Pérez 
Camagüey, -¿Qué estudioso cubano no tuvo que leer los tres tomos de Arpad Csanadi? Todavía es una bibliografía básica, muestra de que recibimos gran ayuda de la nación europea en los años ´60; vinieron nombres como Janos Szoke, Karoly Kocza y Laszlo Mohaczy, mientras en 1980 lo hizo Tibor Ivanicz.

Los húngaros no solo brindaban mucha atención al adiestramiento de sus jugadores, sino que crearon una excelente escuela de entrenadores. A diferencia de otros europeos dieron mucha importancia a la táctica de juego, educaban con gran disciplina y hacían hincapié en la constitución física general, basados en la gimnasia, el atletismo y deportes complementarios.

Varios se relacionaron con Camagüey, precisamente a Janos dedicamos estas líneas pues gracias a su trabajo el equipo de fútbol Granjeros obtuvo las cinco coronas nacionales que ostenta hasta hoy la provincia. Si bien no estuvo en todas las finales y tomó las riendas de un once ya formado, a la postre su labor sembró la semilla del triunfo.



Originalmente viajó como parte de un convenio con los equipos nacionales pero Karoly ya tenía gran parte del camino listo. Kocza, no era futbolista pero poseía muchos conocimientos teóricos, dirigía en el Fajardo de La Habana todas las categorías y confeccionó los primeros planes de entrenamiento en nuestro país, además de comandar el equipo Cuba en 1966.  El trabajo que se hacía con los niños en Camagüey quizá lo motivó a visitarnos, a dar seminarios y a preocuparse por la provincia.

Según relata Agustín “Mañico” Cervantes, como aquí se utilizó el aspecto científico faltaba el toque final y gracias a los antecedentes con Karoly y a las gestiones con Guerra Matos y Llanusa en el INDER, Janos vino a trabajar aquí: “Era totalmente un instructor ¡Muy práctico! Pasaba trabajo para elaborar un plan escrito pero tenía mucha experiencia.”

Amador Fernández también opina: “Él provenía de primera división de su país pero dejó el deporte por una operación en el menisco. Recuerdo que estuvo gran tiempo alojado en el Gran Hotel. No tenía los conocimientos teóricos de Karoly pero lo superaba en lo práctico. Se metía en el terreno como un jugador más, demostraba y ponía mucho carácter.”

Janos llegó en 1964 y aunque Cervantes fungía como entrenador en ese mismo año, el que en verdad dirigía era el húngaro. Entonces celebraron con vino tinto el éxito de la categoría 13-14 años y con esa cantera en 1968 Granjeros ganó su primer campeonato, condición que mantuvo hasta 1970, momento en que el vino se cambió por una mocha en la zafra azucarera.

“¡Que elegancia al vestir! Siempre de traje y en combinación total, imponía un respeto increíble, daba pocas indicaciones porque todos sabían que debían hacer ¿Cómo entrenábamos? Tres vueltas como calentamiento, una suave, otra a media y la última a plena capacidad, hoy cosa de locos de acuerdo a ‘modernas’ concepciones pero salíamos del campo como si no hubiéramos jugado 90 minutos”, recuerda el ex jugador Jorge Bell.

A lo cual agrega su coequipero Carlos Montenegro: “En los 20 minutos finales a Granjeros no lo aguantaba nadie. Habría que repasar algunas rutinas que hoy parecen raras como conducir el balón y patear a gol con un compañero a caballito para fortalecer las piernas.”

Y tenía sus cábalas: Cada vez que Granjeros debía tirar un penal daba la espalda y se iba; ¡Janos! Lo llamaban y nunca estaba, se desaparecía y debían designar al que ejecutaría la pena máxima.

Así fue el Janos de los camagüeyanos. Se fue en 1972 y tras la plata de Granjeros en 1973, un año después llegó desde Budapest su coterráneo Tomasz.

Por decisión nacional cesó la colaboración en 1977 y aunque otros extranjeros se ocuparon de la selección mayor, incluso otro magiar como Ivanicz, nunca más los técnicos foráneos trabajaron en el territorio camagüeyano.

Aún cuando pasaron los años vale recordar la ‘magia magiar’, el toque de fortaleza que nos puso en el mapa futbolístico, al que regresamos hace poco y del que ojalá no descendamos tan pronto.(Tomado de la Digición Digital, Periodico Adelante, Camagüey)

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