domingo, 28 de febrero de 2010

Massó Mustelier, el más grande


Este artículo del periodista Omar Claro forma parte del libro en preparación "Pasión por el cuero", el centenario del fútbol cubano, que saldrá de imprenta en el verano de 2010, como antesala a la Copa Mundial de la FIFA Sudáfrica 2010.

Desde 1993 ha optado por distanciarse del balón. Tampoco descubre motivación alguna para desempolvar la una vez muy aclamada carrera de compositor y productor musical. Reside a poco más de dos horas de Caracas, en el poblado de Río Chico. Admite que la actual violencia sobre la urbe caraqueña lo ha mantenido al margen de cualquier función o diversión pública. “La inseguridad en las calles es galopante. Aquí puedes sufrir de un asalto hasta en tu propia casa. Entonces, para que desafiar el peligro”. El abogado también ha descartado una nueva incursión en las leyes. La vida del hoy consagrado sacerdote y devoto de la religión yoruba, discurre a través de un retiro espiritual. El fútbol apenas es un referente lejano. Atrás, La Habana bulliciosa. Los extraordinarios años en la Colina Universitaria… La Facultad de Derecho. Cursó hasta el tercer año la licenciatura en deportes, educación física y recreación en el Instituto Superior de Cultura Física, carrera inconclusa ante el reclamo paternal de la primogénita Jormara… y las obligaciones en el bufete. Rasgar la guitarra y jugar fútbol compaginaron la singular personalidad. Al margen del vasto palmarés, hoy rehuye hablar de los malabares, las fintas, los goles y las gambetas en una carrera que consumió 20 de los mejores años. Jugaba a pleno pulmón. Y la pelota siempre rendida, incrustada al

botín del artista, disfruta el suave toque. Hacedor de ilusiones en cada movimiento por el pasto. Arribó a la Selección Nacional Cubana siendo un adolescente. En la vitrina resaltan títulos, medallas y reconocimientos individuales. Aclamado por sus compatriotas. A través de una consulta popular por toda la Isla, la revista Opina le entregó la “Llama de la Popularidad” en 1983. Los cronistas de la época no lograron sustraerse a los encantos de este fenómeno cubano y le hacían especial reverencia. Intachableel número 15 de los cubanos. Puede jugar donde quiera. De pronto los años de éxito se trastocan en una encrucijada. El partido de homenaje sobre la mítica cancha de La Tropical en la capital cubana, en el verano de 1989, marcó una tendencia. Cuatro años después, se despide de Ítaca. Con la producción musical “Fiesta Cubana”, del mundialmente conocido cabaret Tropicana, aterriza en Caracas. Han transcurrido 16 años. Y son otras las circunstancias. Únicamente, las obligaciones propias de un babalao lo sacan del panorama hogareño que, él y su simpática esposa Norelkis, comparten en total armonía de dos gatas (atrevida y revoltosa) y dos perros (solitario y galán). Así, entre “toques y santos”, vive la leyenda… Jorge Rafael Massó Mustelier.

El hombre no puede evitar el contacto visual… y solicita prestado el balón.Reclamado con apenas 19 años de edad a la preselección de Mayores en 1969. El santiaguero-habanero Jorge Rafael Massó Mustelier destapó la estelar clase de sus botines al lado de los experimentados Jacinto Oña, Roberto Cardoso, René Micó, Gregorio “Goyo” Dalmau Ponce y José Manuel Verdecia, entre otros… Unos meses después se gana un puesto en el once que conquista el campeonato de los XI Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe, Panamá 1970. La medalla de oro en la cita canalera marcaría el primer voto a la consagración… Acaparó el premio de “Mejor Jugador” y fue seleccionado en el “Once Ideal”, en varios torneos ypartidos internacionales donde participó. Sumó otros dos títulos regionales en la edición de Medellín 1978 y República Dominicana 1986, precedido este último por el bronce en La Habana 1982.

El genio futbolístico de Massó traspasó desde bien temprano las fronteras nacionales. Brilló en los Juegos Juveniles de la Amistad o torneo de Esperanzas Olímpicas en las ediciones de Bulgaria 1967 y Hungría 1968. Ídolo de los fanáticos vietnamitas. En los Juegos Deportivos Panamericanos México1975, el accionar del futbolista caribeño ocupó la mayor atención de la prensa especializada en la cita continental. El consumado técnico uruguayo Washington “Pulpa” Echamendi –entonces en el banquillo del León de México– intentó sin éxito hacerse de los servicios de Massó. El Sting de Chicago, Heredia y Saprissa de Costa Rica, así como la Universidad de Chile se sumaron a la lista de clubes interesados por el cubano. Incluso, en 1972 la prensa chilena se adelantó a los acontecimientos y llegó a publicar la contratación del cubano con la camiseta número 7 de la “U”… El pacto nunca llegó a cristalizar. Idéntica escena se repitió con la posible ida de Massó al León. Disputó los Juegos Olímpicos de Montreal 1976 y Moscú 1980. Vicetitular en los Juegos Deportivos Panamericanos, Puerto Rico 1979. Su destreza con la pelota quedó grabada en dos documentales realizados en Viet Nam y Chile. Balón de Oro en el Preolímpico de 1984. Es el único jugador cubano, además del portero José Francisco Reinoso Zayas y el delantero Andrés Roldán Cordero, que exhibe dos preseas en citas continentales (plata en Puerto Rico 1979 y bronce en Cali 1971). Massó nació el 16 de febrero de 1950 en la ciudad de Santiago de Cuba. A los ocho meses sus padres se trasladaron a La Habana. Desde 1993 reside en Río Chico, estado de Miranda, Venezuela.

La noche comienza a caer de prisa sobre Río Chico. El negro cincuentón, ataviado de jardinero, se esmera por embellecer lo mejor posible el frente de su recién estrenado hogar.

A esa misma hora y después de divertirse hasta el cansancio –en esos partidos de barrio con arcos de piedra– un grupo de fanáticos haitianos se detiene ante el umbral de la casa… y le ofrecen sus parabienes al “jardinero” que un poco más temprano en la mañana, frente a la negativa de algunos vecinos, allanaría el camino para que finalmente los inmigrantes caribeños ejecutaran su danza balompédica, sobre un pedazo de terreno en desuso de la propia urbanización.

Comienza a dominar.

Sobresale la destreza del “improvisado” futbolista. Le pega con el pie, el pecho… la cabeza. “Ese es Massa… Massa… Cuba”, estalla uno del grupo en un remedado castellano.

Y aunque no se ajustaba a la pronunciación más correcta del primer apellido del ex internacional cubano Jorge Rafael Massó Mustelier… el fanático daba en el clavo.

El negro cincuentón que había deslumbrado a todos por el manejo de la pelota no era otro que el irrepetible astro cubano de las canchas. Cerebro de la Selección Nacional Cubana que durante los años 1970 y 1980 le discutía, pulgada a pulgada, la supremacía del área caribeña al legendario artillero haitiano Emmanuel “Manno” Sanon.

La primacía de los dos ídolos alcanzó un extraordinario clímax.

El legendario delantero haitiano conseguía en el Mundial de Alemania 1974 el primer gol para su país ante la poderosa Italia del imbatible portero Dino Zoff, quien sostenía una fenomenal racha de 1,143 minutos sin permitir anotaciones.

La respuesta de Massó vendría en el torneo olímpico de Montreal 1976. Que mejor escaparate para la manija de la Selección Nacional… Debut contra Polonia, campeón de la anterior citaen Munich 1972 y tercer lugar en el Mundial de Alemania 1974.

A los europeos les hicimos la del bobo.

Con el marcador igualado a cero, llegó una buena oportunidad para nosotros en una jugada de laboratorio con pelota detenida.

Busque un lugar en la esquina de la barrera. Fariñas pasa de largo por encima del balón. A continuación, Roldán me hace el pase. Se la devuelvo a Fariñas que estaba de vuelta en la “jugada”.

Los polacos se comieron la finta… y Fariñas suelta el zurdazo que derrota a Jan Tomaszewski.

¡Le ganamos a Polonia!

Pero, a la misma vez, no le podíamos ganar. Esa tangible victoria no estaba en los planes de nadie… y un triunfo de Cuba contra el campeón olímpico echaba a perder la fiesta olímpica.

¡Offside!

Se oyó el gritó del árbitro central, el israelí Abraham Kevin, quien ponía a salvo el honor de Polonia ante el incipiente once cubano.

Frente a Irán, la Selección Cubana resultó mucho más resolutiva. Disparos desde todos los ángulos, presagiaban una goleada favorable a los antillanos. Estábamos pasando por nuestro mejor momento, pero la pelota no entraba en la puerta de los iraníes.

Ese día el terreno estaba empapado de agua y en la única acción de peligro contra el arco cubano, José Francisco Reinoso pierde el balón. A continuación, un jugador iraní tirándose al suelo… mete la pelota en la portería.

Osan Mazloumi al minuto 28 del primer tiempo conseguía el único tanto del encuentro que eliminaría a los antillanos del certamen olímpico.

MASSÓ…EL HOMBRE Y SU CIRCUNSTANCIA

Al momento de su apogeo futbolístico, el hombre de 1.70 metros de estatura y 154 libras de peso fue cortejado por la Universidad de Chile, León de México, Sting de Chicago, Ferencváros de Hungría, Herediano y Saprissa, estos dos últimos de la primera división de Costa Rica.

Pero, las puertas siempre estuvieron cerradas para que el cubano se desempeñara en clubes de otras latitudes.

“Cuba… sin Massó no hay Cuba”, así elogiaban los principales diarios del continente Americano el juego desplegado por el futbolista más completo de la Isla, al menos en los últimos 50 años.

La prioridad número uno para el criollo, en la carrera de dos décadas por las canchas, sería la camiseta de la Selección Nacional Cubana… y surcar el terreno haciendo malabares con la pelota.

Había que quedar bien con la patria. El reducido espacio de asomarse hacia fuera, unido a los momentos cruciales de aquellos años, se anteponían a cualquier satisfacción personal.

Nunca fue mi voluntad –al margen de las propuestas que siempre existieron– vestir otra camiseta diferente a la de Cuba.

Irónicamente, el nivel competitivo alcanzado por Massó y compañía no se correspondía con las condiciones de vida y de entrenamiento que enfrentaban a diario los jugadores.

El hombre piensa como vive –dice Massó y argumenta–, entonces decidí hacer algo para mejorar las condiciones de vida del grupo.

Durante una de esas jornadas de intenso entrenamiento en La Habana, previo a la Hexagonal Final de la CONCACAF Honduras 1981, habían dado la orden de darle 25 vueltas a la pista… y la altura de la 12 me alejé del grupo. “No corro más”, dije.

Frente a la orden de regresar a la pista, argumenté mi descontento por la escasa atención a los problemas personales. Después de tantas privaciones, esfuerzo físico y alcanzar el máximo nivel deportivo, los futbolistas exhibían un modo de vida bastante discreto.

En mi caso –a la sazón con 31 años de edad– todavía vivía con mi mamá, su esposo… y otros familiares.

La “indisciplina” privó al astro cubano de un boleto a Tegucigalpa para disputar la Hexagonal Final.

Como antecedente, el mediocampista del once criollo registraría una actuación medular en las dos primeras rondas de la eliminatoria mundialista a España 1982… y en los partidos amistosos.

Después del fracaso en dos eliminatorias olímpicas al hilo, Montreal 1976 y Moscú 1980 (irónicamente, Cuba fue invitada a ambas citas), los fanáticos aguardaban pacientemente por la revancha futbolística de aquella admirada generación de futbolistas que tenían su mejor argumento en el libro de jugadas de Jorge Rafael Massó.

Poco a poco, se componía aquella traumática experiencia ocurrida en la eliminatoria mundialista a Argentina 1978 y que tuvo su momento más caótico en el estadio Sylvio Cator de Puerto Príncipe –Cuba eliminaba a Haití y se colocaba en la Hexagonal Final con aquel gol que casi sobre la hora le anularon a Massó, decisión que desembocó en la expulsión del mejor hombre de Cuba… y que más adelante sopesó en el marcador final favorable a los haitianos por 2 – 0, en el forzado tercer partido realizado en Ciudad de Panamá.

“En aquellos tiempos dependíamos de su talento. Al no poder contar con Massó, nuestro fútbol no resultaba ni tan exquisito, ni demasiado ofensivo. Los rivales supieron aprovechar demasiado bien esa ventaja”, me dijo Antonio Garcés Segura, acaso el mejor lateral zurdo del fútbol cubano.

La presencia de Massó en la Hexagonal de 1981, quizás, hubiese cambiado la historia. Cuba sin Massó reunió cuatro unidades en cinco partidos… y se quedó a una victoria de clasificarse a la Copa del Mundo de la FIFA, España 1982. Los dos boletos de CONCACAF fueron a la cuenta del local Honduras y El Salvador.

El único aliciente en tierras catrachas, si es que algo se podía celebrar,… ganarle precisamente a los haitianos para saldar la deuda pendiente de la eliminatoria mundialista pasada.

No sería el único desatino contra el inigualable talento de Massó.

Una de las tantas ocasiones que mereció el premio “Mejor Jugador” del partido, jugando la Selección Nacional contra la Universidad de Chile en la capital del país sudamericano, fue privado de recibir el obsequio destinado al futbolista más destacado del choque.

Los organizadores del encuentro salieron en busca de Massó para entregarle un uniforme y un par de zapatillas Adidas en atención al rendimiento del cubano en el terreno, pero una voz no permitió que el regalo llegara a las manos de Massó… “aquí no se aceptan regalos”, resolvió la voz omnipresente.

Jorge Rafael Massó Mustelier... a la medida de un sastre

La noche comienza a caer de prisa sobre Río Chico (estado de Miranda,

Venezuela). El negro cincuentón, ataviado de jardinero, se esmera por embellecer

lo mejor posible el frente de su recién estrenado hogar.


Comienza a dominar la pelota.A esa misma hora y después de divertirse hasta el cansancio –en esos partidos de barrio con arcos de piedra– un grupo de fanáticos haitianos se detiene ante el umbral de la casa… y le ofrecen sus parabienes al “jardinero” que, un poco más temprano en la mañana, frente a la negativa de algunos vecinos allanaría el camino para que finalmente los inmigrantes caribeños ejecutaran su danza balompédica, sobre un pedazo de terreno en desuso de la propia urbanización.

El hombre no puede evitar el contacto visual… y solicita prestado el balón.

Sobresale la destreza del “improvisado” futbolista. Le pega con el pie, el pecho… la cabeza. “Ese es Massa… Massa… Cuba”, estalla uno del grupo en un remedado castellano.

Y aunque no se trataba de la pronunciación más correcta del primer apellido del ex estelar cubano Jorge Rafael Massó Mustelir… el fanático daba en el clavo.

El negro cincuentón que había deslumbrado a todos por el manejo de la pelota no era otro que el astro cubano Jorge Massó. Sobresaliente delantero de la Selección Nacional Cubana que durante los años 1970 y 1980 le discutía, pulgada a pulgada, la supremacía del área caribeña al legendario artillero hatiano Emmanuel “Manno” Sanon.

Al momento de su apogeo futbolístico, Massó fue pretendido por la Universidad Católica de Chile y el León de México. Pero, las puertas siempre estuvieron cerradas para salir al exterior.

“Cuba… sin Massó no hay Cuba”, así elogiaban los principales diarios del continente Americano el juego desplegado por el futbolista más completo de la Isla, en los últimos 50 años.

Muy técnico, letal frente al arco rival. Dominaba los secretos de la blanquinegra como pocos.

Así como a Brasil le faltaba algo cuando no salía Pelé… a Cuba le sucedía lo mismo cuando el fenómeno Massó quedaba al margen de la cancha.

“En situaciones de máxima tensión, el número 15 de Cuba daba la cara y pedía el balón”. “Dámela”, insistía Massó, una y otra vez.

A continuación, se producía un recital de exquisito fútbol. Pacto secreto entre los botines y la pelota.

Se movía por los laterales… luego hacia delante, un corte, media vuelta… el toque preciso. A la medida de un sastre.

Y en ese ballet futbolístico, los demás jugadores se convertían en simples invitados.

Únicamente, la infracción del adversario, cual golpe mañoso, detiene el espectáculo personal de Massó.

“Justo el respiro que necesitaba el equipo para volver a conectarse con el juego”.

Massó también destacó por su respeto al juego táctico y especialmente recuerda los altercados con su ex compañero de Selección Luis Hernández Herez, durante la breve incursión de éste último en el banquillo de la Selección Nacional.

Para los Juegos Panamericanos de Caracas en 1983, Luis se empeñó en experimentar la posición de volante creativo con el defensa Lázaro Jiménez, al cual todos conocíamos por el sobrenombre de “Hierro”… Se trataba de una locura, sobre todo porque en esa posición teníamos al estelar Regino Delgado, motor central del equipo cubano… Con “Hierro”, el técnico intentaba generar el fútbol del medio campo de forma mecánica… Sin ideas, sólo bastaba que castigara el balón.

A menos de una semana para disputar un partido clave de la eliminatoria olímpica (a Los Angeles 1984) contra Canadá, perdimos a Regino por una fractura de clavícula durante una breve estancia en México.

Luis vuelve a improvisar el día del partido. “Hierro” se queda en el banco… y entonces coloca a Pedroso, defensa lateral derecho, en la posición de volante creativo.

Todos los errores tienen un alto precio.

En un lapso de apenas tres años, no se alcanzó revalidar el título de los Juegos Centroamericanos en la cita de La Habana en 1982. Del segundo lugar en los Panamericanos de San Juan 1979, se quedó fuera del cuadro de medallas en Caracas 1983. La goleada por 3 – 0 a manos de Canadá en la eliminatoria olímpica a Los Angeles 1984 cerró una de las etapas más controversiales del fútbol cubano.

Paradójicamente, en apenas nueve años se revertía el resultado ante el equipo de la hoja de Maple.

“Corrían los 90 minutos por todo el campo como locomotoras. No se detenían, ni dejaban de atacar. A (José Francisco) Reinoso le llenaron la puerta de pelotazos… y le rompieron la clavícula de un violento disparo al arco”.

El destino quedaba sellado. Cuba que había iniciado la triangular final con derrota (0 – 1) y empate (0 – 0) frente a Costa Rica en San José y La Habana, respectivamente, no podía evitar que ticos y norteños aseguraran el viaje a las Olimpíadas de Los Ángeles.

Individualmente, Jorge Rafael Massó Mustelier se llevaba la distinción al mejor jugador del Preolímpico.

Una década atrás, Cuba había marcado el intrépido ascenso en el concierto internacional de piernas.

Ocurrió en los Juegos Panamericanos de 1975, donde los antillanos se colocaron en la ronda semifinal y en el estadio Toluca 1970 sellaron un empate a dos goles contra México, dueño de casa y a la postre ganador del título continental, compartido con la representación de Brasil, cuando el partido final se dio por terminado cuando se jugaba el minuto 108 de tiempo extra con empate a uno en la pizarra.

Ese mismo año, los cubanos doblegaban sin mayores contratiempos a los canadienses por 4 – 0 en partido amistoso celebrado en La Habana.

¿Qué ocurrió con el fútbol de Canadá que no podemos hacer nosotros?

La práctica y enseñanza del fútbol no requiere de mayores gastos. Un balón, dos piedra de un lado, dos del otro… y un pedazo de potrero.

Hay que encontrar un modelo de comunicarse. El fútbol cubano es huérfano de un lenguaje futbolístico. La gente en otras naciones, hablando futbolísticamente, se alimenta de una cartilla original.

Cuando un club de Brasil o de cualquier otra nación con raíces futboleras realiza dos o tres cambios en el once titular, la identidad futbolística se mantiene intacta.

Igual que el estudio de la rumba o la santería, el fútbol se reconoce a través de un lenguaje… y eso únicamente puede enseñarlo el entrenador.

Salir a buscar resultados en una eliminatoria mundialista o olímpica cuando en la base no se les ha enseñado a pensar a los chicos, es una fábula.

Nunca va a resultar tarde para darle vida a los semilleros… y explicarle a los chicos los códigos del juego.

Y si alguien conoce los secretos del balón, sin cortapisa, ese es Massó. Para muchos, el mejor futbolista cubano de todos los tiempos.

Cuando en el torneo de fútbol de los Panamericanos de México 1975, Cuba empató a un gol contra Uruguay, el resultado provocó la espontánea reacción del célebre seleccionador charrúa Washington “Pulpa” Echamendi, “en tres años ganó la Copa del Mundo, sin tomo las riendas de este equipo”.

Exagerado o no, el elogio del desaparecido Echamendi colocaba otro mérito a la inédita campaña de Massó y compañía.

Hombres rápidos arriba. Talento en el medio campo y una defensa donde mandaba el guardameta José Francisco Reinoso, uno de los grandes del Continente Americano bajo los tres palos.

Kim Yong Ha había colocado los cimientos de aquella extraordinaria generación de jugadores. El técnico de Corea del Norte, quien ocupó el banquillo entre 1968 y 1971, incluía la reconocida disciplina asiática al explosivo juego de los antillanos. Y todo funcionó de maravillas.

Para el estricto Yong Ha sólo existía un hombre que podía moverse fuera de su esquena táctico… “Massó juega libre”, solía repetir.

Dos entrenadores nacionales, Sergio José Padrón y Nicolás Martínez, acompañantes inseparables del coreano asumieron el control del equipo nacional tras el regreso de Kim a su país.

El estreno de Padrón como técnico y Nicolás en funciones de asistente, cambió la filosofía en la Selección Nacional Cubana.

“Sergio no quiso transar sobre mi aporte en la cancha. Cuando más falta le hacía a mis compañeros, ordenaba el cambio. Desafortunadamente, Nicolás tenía voz, pero no tenía voto”.

No sería el único desatino contra el admirable Massó.

En una ocasión el goleador fue convocado al Palacio de Deportes de La Habana, transformado en la sede central del Instituto Nacional de Deportes Educación Física y Recreación (INDER).

Lo esperaban en un estrecha oficina, Eloy Martínez, entonces comisionado nacional, y el periodista Elio Enrique Constantín Alfonso, entonces jefe de las páginas de deportes del periódico Granma.

Allí, le revelaron la existencia de un par de invitaciones a su nombre. Una para el partido de despedida de Pelé en 1971 y la otra para viajar a Tegucigalpa, Honduras, donde entrenaría con el equipo Todos Estrellas de CONCACAF que jugaría en la Minicopa del Mundo Brasil 1972, en honor al 150 aniversario de la Independencia del gigante sudamericano.

“Queremos que lo supieras… es un buen estímulo para tu carrera, pero no puedes viajar”, fue la lacónica expresión de Martínez para informarle a Massó.

La presencia del astro capitalino en el adiós de Pelé o en la Minicopa del Mundo estaría destinado a conquistar un sitial en los anales del fútbol cubano…, pero la intransigencia de un sistema disparatado se apuntó un autogol.

Queremos agradecer al Periodista Omar Claro por tener la gentileza de facilitarnos, este artículo y otros de su libro en preparación "PASION POR EL CUERO" a publicarse a mediados de año, para que pudiéramos llevárselos a ustedes a traves de la páginas de nuestro blog. Muchas Gracias

1 comentario:

  1. Jorge Masso vive al lado de mi casa, exelente persona, hice intentos de q me entrenara pero solo hicimos un par de practicas y ya, de verdad me asombra todo lo q hizo, es impresionante saber todo eso.. lo vere con otros ojos, le hice el comentario a un amigo y le mostre está pag. y mi amigo se refirio a el como el Zidane de Cuba (sin intencion de ofender o comparar). Me gustaria ver uno de sus videos.. pero bueno ya será!

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